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LA TECNOLOGIA DESAFIA A LA FAMILIA


La mayoría de nosotros conocemos las estadísticas actuales que revelan que existe un aumento en el número de casos de explotación infantil vinculados con la Internet. Las compañías de cable tienen un incremento en sus ingresos que proviene de una programación sexual-mente explícita, y el contenido sexual en el horario de máxima audiencia televisiva ha alcanzado más del triple en los últimos 10 años.
Sin embargo, estos datos no muestran cómo algunos niños están mejorando su aprendizaje gracias a la Internet. Gracias a los avances en la tecnología, amigos y familias que están separados por la distancia se mantienen en contacto por medio del correo electrónico y los mensajes instantáneos, y algunos padres realizan su trabajo en su casa, lo cual les permite estar con sus hijos. Ya se trate de papá o mamá, el desafío consiste en hallar el equilibrio correcto en el uso de esta tecnología por parte de su familia.
¿Cuánta de esta tecnología utiliza usted o alguno de su familia: la televisión, los videojuegos, el teléfono celular, el asistente digital personal, la grabadora de vídeo, la computadora, la Internet, el correo electrónico ó alguna otra aplicación?
¿Se siente usted ocasionalmente descontrolado o abrumado por el equipo electrónico que se halla ahora a nuestra disposición? La tecnología o cualquier otra cosa pueden distraerlo a usted del tiempo que puede pasar creciendo en su andar con Dios, edificando las relaciones de padre a hijo, y enseñándoles a sus hijos que conocer a Dios es lo más importante que jamás harán.
¿Cuánto tiempo pasa usted junto a sus hijos, mientras éstos exploran la autopista de la información o miran la televisión? Éstas, sin supervisión, pueden convertirse en niñeras involuntarias, y expondrán a sus hijos a ciertas cosas que usted a lo mejor no querrá que aprendan. (Filipenses 4:8)
La Internet posee una cantidad enorme de información y la exploración en línea ha abierto un mundo de posibilidades para todas las personas. Aunque esto pueda tener muchas ventajas, se necesita también tener precaución y discernimiento.
A usted no siempre le será posible controlar y ordenar lo que sus hijos ven en la Internet o la televisión, o lo que leen en libros y revistas; no obstante, usted es responsable ante Dios de guiar y dirigir a sus hijos en los caminos de Él (Proverbios 22:6).
Los hijos son un don de Dios (Salmo 127). Éstos, por lo que se ve, vienen sin un manual de instrucciones, pero la clave del éxito está en la palabra de Dios. Cuando Dios sea el centro de su familia, sus relaciones tendrán un vínculo que sólo es posible con corazones que lo van siguiendo a Él de cerca.
Es responsabilidad suya como padre el fijar límites a sus hijos. En el libro: Cómo conservar a sus hijos en su equipo, el Dr. Stanley nos dice por qué esto es tan importante. Él dice: “Dios no sólo es claro en cuanto a lo que Él espera que sus hijos hagan y por qué, sino también en lo que Él hará si éstos no obedecen”.
Fije límites a sus hijos (Efesios 5:3-4), explique sus razones para estos límites (Deuteronomio 23:14) y ponga en claro el hecho de que la desobediencia traerá consecuencias (Deuteronomio 17:25).
Se requiere de esfuerzo y paciencia para conservar a sus hijos en su equipo. Aquí tenemos algunas ideas que pueden ayudarle a mantener el equilibrio en cuanto al uso de la tecnología.
- Pase tiempo con sus niños cuando se encuentren en la Internet o Viendo televisión. Esto le ayudará a estar al tanto de lo que están mirando o lo que les interesa. Tómese luego un tiempo para hablar y escuchar lo que es de importancia para ellos.
- No se Intimide por el uso de nueva tecnología. Aprenda junto a sus hijos y no los prive de la oportunidad de enseñarle a usted cosas que quizá ellos sepan.
- Confeccione un reglamento claro para el uso de la tecnología. Los límites son útiles para conservar la paz y la armonía en su hogar.
- Invierta menos tiempo mirando la televisión o navegando en la Internet. Este tiempo adicional con sus hijos les demostrará lo importantes que son ellos para usted.
- Pase tiempo con sus hijos leyendo la Biblia M orando Juntos. El tiempo que ustedes pasen como familia buscando a Dios les ayudará a conservar su perspectiva y armonía.
El avance de la tecnología ha cambiado al mundo en que vivimos, aunque Dios nunca cambia. Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
No tenemos por qué recurrir a la nueva tecnología para solucionar nuestros problemas. Sea cual sea la dificultad a que ustedes se enfrenten como familia, Dios está obrando para llevar a cabo su propósito.
Aunque puede que siempre existan nuevas tecnologías, sus hijos no siempre podrán estar bajo su orientación. Y usted es el responsable ante Dios de sus hijos y de su bienestar espiritual, mental y físico.
Como padre, o madre, usted puede sacrificarse para proporcionarles a ellos lo mejor; sin embargo, lo que podrá producirle a su hijo la mayor felicidad o el mayor éxito no será el aparato más reciente. Solamente la realidad de Cristo en sus vidas puede hacer eso.
Ya sea que su familia haga uso de cierta tecnología o ninguna, eso no es significativo. Lo que importa es que usted enseñe a sus hijos acerca de la oportunidad más maravillosa del mundo: una relación personal y consistente con Jesucristo.

Por: Charles Stanley,

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USE VOCABULARIO DE BENDICION


Por Joel Osteen
Como padres, podemos afectar profundamente la dirección que toman las vidas de nuestros hijos por medio de las palabras que les hablamos. Yo creo que como matrimonio podemos delinear la dirección para toda nuestra familia. Como negociante, puede ayudar a determinar la dirección para sus empleados. Con nuestras palabras, tenemos la habilidad de ayudar a moldear y formar el futuro de cualquier persona sobre quien tengamos influencia.
Y cada uno de nosotros tiene influencia sobre alguna otra persona. Usted posiblemente no considere ser un líder, pero sin embargo, sí tiene un círculo de influencia, alguna persona o grupo que le respeta. Aun si usted es un adolescente, alguien valora su opinión. Es vital que hablemos “cosas buenas” a las vidas sobre las cuales tenemos influencia. Eso no quiere decir que nunca estaremos en desacuerdo con ellos o que nunca tendremos que confrontarles o corregirles, pero el tono general de nuestras palabras a ellos deberá ser positivo.
Una madre bien intencionada constantemente regañaba a su hijo adolescente: “Eres tan flojo; ¡nunca serás algo bueno! Si no te comportas, nunca lograrás entrar en la universidad. Lo más seguro es que terminarás metiéndote en problemas”.
Esa clase de palabras negativas destruirá más rápidamente a una persona de lo que se imagina. No puede hablar negativamente de alguien en un momento, y después salir y esperar que esa persona sea bendecida. Si usted quiere que sus hijos sean productivos y que tengan éxito, usted necesita declarar palabras de vida sobre ellos en lugar de predicciones de mal y desesperación. La Escritura nos recuerda que con nuestras palabras podemos bendecir o maldecir a las personas.
Las personas en el Antiguo Testamento tenían muy claro el poder que ejercía la bendición. Al acercarse el patriarca de la familia a la senilidad o a la muerte, los hijos mayores se juntaban al lado de su padre, luego él colocaba sus manos sobre la cabeza de cada hijo y hablaba palabras amorosas y llenas de fe sobre ellos y sobre su futuro. Estas frases se conocían como “la bendición”. La familia estaba consciente de que eran más que el último testamento del padre; estas palabras llevaban consigo la autoridad espiritual y tenían la habilidad de traer éxito, prosperidad y salud a su futuro.
En muchas ocasiones, los hijos aun se peleaban por la bendición del padre. No se estaban peleando por el dinero que pudieran heredar, ni tampoco por el negocio familiar. No, ellos se peleaban por esas palabras llenas de fe porque sabían que si recibían la bendición de su padre, las riquezas y el éxito serían las consecuencias naturales de ella. Y más que eso, deseaban profundamente recibir la bendición de una persona a quien amaban y respetaban.

Uno de los relatos bíblicos más sorprendentes sobre el poder de la bendición nos llega a través de las vidas de Jacob y Esaú, los dos hijos de Isaac. Jacob deseaba recibir la bendición de su padre, no cualquier bendición, sino una bendición que le pertenecía legítimamente al hijo primogénito de la familia. Isaac estaba viejo, cercano a la muerte, y prácticamente ciego. Un día llamó a su hijo, Esaú, y le dijo: “Esaú, ve y mata un animal y prepárame una comida, y te daré la bendición que le pertenece al hijo primogénito”. Pero la madre de Jacob, Raquel, escuchó esta conversación. Raquel amaba a Jacob más que a Esaú, así que le dijo a Jacob que se pusiera la ropa de Esaú con la intención de engañar a Isaac para que le diera a él la bendición. Entonces preparó una de las comidas preferidas de Isaac.
Mientras Esaú andaba de cacería, ella le dijo a Jacob: “Ve a tu padre y preséntale esta comida, y él te dará la bendición que en realidad le pertenece a tu hermano”.
Jacob reconoció la seriedad de este fingimiento y dijo: “Pero Mamá, ¿qué pasa si él se da cuenta que estoy mintiendo, y me maldice en lugar de bendecidme? ¡Seré maldecido por el resto de mi vida!”
Medite eso. Jacob entendía que él estaba arriesgando todo su futuro con este truco, estaba consciente de que las palabras que hablara su padre sobre él le impactarían, ya fuera para bien o mal, por el resto de su vida.
Declare el favor de Dios
Reconozcámoslo o no, nuestras palabras afectan el futuro de nuestros hijos ya sea para bien o para mal. Nuestras palabras tienen la misma clase de poder que ejercían las palabras de Isaac. Debemos hablar palabras amorosas de aprobación y aceptación, palabras que animen, inspiren y motiven a nuestros hijos a alcanzar nuevas alturas. Al hacer esto, estamos hablando bendiciones a sus vidas, estamos hablando abundancia e incremento, estamos declarando el favor de Dios en sus vidas.
Pero en demasiadas ocasiones, nos deslizamos a hablar palabras duras que critican a nuestros hijos, constantemente encontrando alguna falta en lo que nuestros hijos estén haciendo. “¿Por qué no puedes salir mejor en tus notas?” No dejaste bien el jardín. Vete a limpiar tu habitación, ¡parece un pocilga! No puedes hacer nada bien, ¿verdad?”
Palabras tan negativas causarán que nuestros hijos pierdan ese sentido de valor que Dios ha puesto dentro de ellos. Como padres, tenemos la responsabilidad ante Dios y la sociedad de entrenar a nuestros hijos, de disciplinarles cuando desobedecen, de amorosamente corregirles cuando toman malas decisiones, pero no debemos estar constantemente regañándoles. Si usted habla continuamente palabras que desaniman y desalientan, antes de mucho tiempo usted destruirá la imagen propia de su hijo; y con sus palabras negativas, abrirá la puerta, permitiendo que el enemigo traiga toda clase de inseguridad e inferioridad a su vida. Millones de adultos hoy día están todavía sufriendo los efectos de las palabras negativas que les hablaron sus padres de niños.

Recuerde que si comete el error de constantemente hablar palabras negativas sobre sus hijos, usted está maldiciendo su futuro. Además, Dios le pedirá cuentas a usted por haber destruido su destino. Con la autoridad viene responsabilidad, y usted tiene la responsabilidad como autoridad espiritual sobre su hijo de asegurarse que se sienta amado, aceptado y aprobado. Usted tiene la responsabilidad de bendecir a sus hijos.
Además de eso, la mayoría de los niños desarrollan sus conceptos de quién es Dios y cómo es Él de la imagen que tienen de sus padres. Si su padre es malo, criticón y áspero, inevitablemente los hijos crecerán con una manera distorsionada de ver a Dios. Si el padre es amoroso, bondadoso, compasivo y justo, el hijo entenderá mejor el carácter de Dios.
Una de las razones por las que hablo tanto de la bondad de Dios es porque vi a mi padre ejemplificarla. Ninguna persona pudo haber representado mejor a Dios ante los hijos Osteen que mi papá. Aun cuando cometíamos un error o nos desviábamos, a la vez que mi papá se mantenía firme, también era amoroso y bueno. Él nos guiaba al camino correcto inmediatamente. Nunca usó tácticas ásperas para meternos de nuevo al camino; nos amó hasta corregirnos y aunque era un hombre muy ocupado, siempre tomaba tiempo para nosotros.
Nos animaba a hacer grandes cosas, a cumplir nuestros sueños. Solía decir: “Joel, no hagas lo que yo quiero que hagas. Haz lo que tú quieras hacer. Sigue tus propios sueños”.
Mi papá creía en mis hermanos y en mí. Nos decía que éramos grandes, aun cuando sabíamos que no lo éramos, se refería a nosotros como bendiciones aun y cuando sabíamos que no nos estábamos comportando como bendición.
Mi mamá y mi papá criaron cinco hijos en nuestra casa. De niños, no teníamos programas para niños como hoy en día los tienen en muchas iglesias, todos nos reuníamos en el mismo auditorio. Mi hermanita, April, y yo solíamos sentarnos en la primera fila de ese antiguo edificio donde cabían unas doscientas personas. Jugábamos al “gato” (o también conocido como “cruces y círculos”) durante toda la reunión. (Estoy confesando esto para que usted sepa que todavía hay esperanza para sus hijos. Yo no puse atención, y Dios me hizo un pastor. ¡Quién sabe qué hará con sus hijos!).
Mi papá estaría en la plataforma, y mi mamá nos tendría a nosotros cinco en una fila, mientras alzaba sus manos, alabando a Dios con sus ojos cerrados. Sin embargo, tenía la sorprendente habilidad, con todo y sus ojos cerrados, de saber cuándo nos estábamos portando mal. Eso me asombraba muchísimo. ¡Creo que era mi primera experiencia con el poder sobrenatural de Dios! Veía a mi mamá para asegurarme que tenía cerrados los ojos antes de hacer algo para molestar a mi hermano, Paul. Sin perder un segundo, mi mamá bajaba lentamente una mano, con mucha gracia me tomaba el brazo, ¡y me daba un fuerte pellizco! Yo hubiera querido gritar pero sabía que lo mejor era no hacerlo. Y después, mi mamá levantaría de nuevo su brazo para continuar alabando al Señor.


Pensaba: Mamá, tienes un don. ¡Eso es sobrenatural!

Estoy bromeando (un poco), pero el punto es que mis hermanos y yo no éramos unos niños perfectos. Cometimos bastantes errores, pero mis padres nunca se fijaron demasiado en nuestras debilidades ni en los problemas. Siempre se enfocaban en las soluciones, constantemente nos decían que éramos los mejores niños del mundo, y crecimos sintiéndonos seguros, sabiendo que nuestros padres no sólo se amaban, pero nos amaban y creían en nosotros, y nos apoyarían pasara lo que pasara. Sabíamos que nunca nos criticarían ni condenarían, pero siempre creerían lo mejor de nosotros.
Como crecí con la aceptación y aprobación de mis padres, ahora, siendo padre yo, estoy practicando la misma clase de cosas con mis hijos. Estoy hablando palabras de bendición a sus vidas que pasarán de generación a generación, y yo sé que mis hijos transmitirán la bondad de Dios a sus hijos, y así sucesivamente.
Una de las primeras cosas que hago al ver a mi hijito Jonathan en la mañana, es decir: “Jonathan, eres lo mejor, hombre”. Constantemente le estoy diciendo: “Jonathan, tú eres el regalo de Dios para Mamá y para mí, te amamos; estamos orgullosos de ti; siempre te apoyaremos”. Le digo a nuestra hija, Alexandra, la misma clase de cosas.
Antes de que se vayan a la cama, les digo a nuestros dos hijos: “Papi siempre será tu mejor amigo”. Victoria y yo siempre les estamos diciendo: “No hay nada que no puedes hacer. Tienes un futuro emocionante ante ti. Estás rodeado del favor de Dios. Todo cuanto toques prosperará”.
Victoria y yo creemos que tenemos tanto una oportunidad como una responsabilidad de hablar las bendiciones de Dios a nuestros hijos ahora, mientras están pequeños. ¿Por qué esperar hasta que sean adolescentes, o estén en sus veinte años y por casarse, para comenzar a orar que las bendiciones de Dios llenen sus vidas? No, estamos declarando las bendiciones de Dios sobre ellos todos los días de su vida. Y tenemos la plena convicción de que nuestras palabras impactarán a nuestros hijos mucho después de que hayan crecido y tengan sus propios hijos.
¿Qué está dejando usted a la siguiente generación? No es suficiente sólo pensarlo; tiene que hablarlo. Una bendición no es una bendición si no se habla y sus hijos necesitan oírle palabras como: “Te amo. Creo en ti. Pienso que eres especial. No hay nadie como tú. Eres único”. Necesitan escuchar su aprobación; necesitan sentir su amor; necesitan su bendición.
Sus hijos pueden estar ya grandes, pero eso no debería detenerle de tomar el teléfono para hablarles y animarles, decirles que está orgulloso de ellos. Quizá usted no practicó bendecir a sus hijos mientras crecían, pero no es demasiado tarde; comience a hacerlo ahora mismo.



Las palabras no pueden ser retiradas
Jacob se presentó ante su padre Isaac, quien estaba prácticamente ciego, pretendiendo ser su hermano Esaú. Aunque los ojos de Isaac no veían tan bien, su inteligencia seguía intacta, por lo que cuestionó: “Esaú, ¿en realidad eres tú?”
“Sí, Padre, soy yo”, mintió Jacob.
Isaac no quedó convencido, así que hizo acercar a su hijo. Sólo cuando olió la ropa de Esaú se convenció al fin que era él y entonces le dio a Jacob la bendición que en realidad le pertenecía a su hermano mayor. Dijo algo como: “Que siempre tengas abundancia de grano y vino. Que las naciones se postren ante ti y las personas siempre te sirvan. Que seas Señor sobre tus hermanos. Que cualquiera que te maldiga sea maldecido, y cualquiera que te bendiga sea bendecido.
Fíjese que Isaac declara cosas sobre el futuro de Jacob, y si estudia la historia se dará cuenta de que esas cosas sí llegan a cumplirse.
Por otro lado, poco después de haber salido Jacob de con su padre, llegó Esaú. Él dijo: “Padre, siéntese; traje la comida que le preparé”.
Ahora Isaac estaba confundido y dijo: “¿Quién eres tú?”
“Papá, soy Esaú, tu primogénito”. En ese punto, la Biblia nos dice que Isaac comenzó a temblar violentamente, ya que se dio cuenta de que había sido engañado. Le explicó a Esaú como Jacob, su hermano, había llegado y con engaño se había robado la bendición.
Ahora llegamos a una parte sorprendente de esta terrible historia de traición. Esaú comenzó a llorar en voz alta, diciendo: “Padre, ¿no me puedes dar la bendición que le pertenece al hijo primogénito?”
La respuesta de Isaac fue tanto perspicaz como poderosa: “No, las palabras ya han salido, y no las puedo retirar. Dije que Jacob sería bendecido, y él siempre será bendecido.
¿Logra ver el poder de nuestras palabras? ¿Percibe el poder de declarar bendiciones sobre sus hijos? Isaac dijo: “Una vez que hayan salido palabras, no las puedo retirar”. Él le dio una bendición menos a Esaú, pero no fue tan significativa como la que le había dado a Jacob.
Tenemos que tener muchísimo cuidado con lo que permitimos salir de nuestra boca. La próxima vez que tenga la tentación de hablarle mal a alguien, de menospreciar a su hijo o degradarle, recuerde, nunca podrá retirar aquellas palabras. Una vez que las hablamos, toman una vida propia.
Use sus palabras para bendecir a las personas. Deje de criticar a su hijo y comience a declarar que tiene grandes cosas en su futuro.
No deberíamos hablar jamás palabras negativas, ni destructivas hacia nadie, en especial hacia las personas sobre quienes ejercemos autoridad o influencia. Sólo porque usted tiene su propio negocio o supervisa un gran número de empleados, eso no le da el derecho de hablarles mal y hacer que se sientan mal consigo mismos. ¡Al contrario! Dios le pedirá cuentas por lo que le dice a aquellos individuos bajo su autoridad, y Él le juzgará con un criterio más estricto. Debería de esforzarse para hablar palabras positivas que edifican y animan.
De manera similar, es importante que un esposo entienda que sus palabras ejercen tremendo poder en la vida de su esposa. Él necesita bendecirla con sus palabras, ya que ella ha dado su vida para amarlo y cuidarlo, para ser su pareja, para crear una familia juntos, y para criar a sus hijos. Si siempre está encontrando algo mal en lo que ella esté haciendo, si siempre está menospreciándola, él segará terribles problemas en su matrimonio y en su vida.
Además, muchas mujeres hoy día se encuentran deprimidas y se sienten emocionalmente abusadas porque sus maridos no las bendicen con sus palabras. Una de las principales causas de crisis emocional entre las mujeres casadas es el hecho de que no se sienten valoradas y una de las razones principales por las que se da esta diferencia es porque los esposos están conscientes o inconscientemente negando dar las palabras de aprobación que tan desesperadamente desean las mujeres. Si usted desea ver una obra milagrosa en su matrimonio, comience a alabar a su pareja, comience a apreciarla y a animarla.
“Ah, mi esposa sabe que la amo”, dijo un señor mayor: “No necesito decírselo, se lo dije hace cuarenta y dos años, al casarnos”.
No, ella necesita oírlo una y otra vez. Cada día, un esposo debería decirle a su esposa: “Te amo”. Te aprecio. Eres la mejor cosa que jamás me ha sucedido”. Una esposa debería hacer lo mismo por su esposo, su relación mejoraría muchísimo si simplemente comenzara a hablar palabras amables y positivas, bendiciendo a su pareja en lugar de maldecirla.
Declare la bondad de Dios
Debe comenzar a declarar la bondad de Dios en su vida. Declare confiadamente: “El rostro de Dios está resplandeciendo sobre mí, y Él desea ser bueno conmigo”. Eso no es jactarse, así es cómo Dios dice que seremos bendecidos, cuando empecemos a declarar su bondad.
Permíteme hacer algunas declaraciones a su vida:
- Declaro que usted es bendecido con la sabiduría sobrenatural de Dios, y que tiene una dirección clara para su vida.
- Declaro que es bendecido con creatividad, con valentía, con habilidad y con abundancia.
- Declaro que es bendecido con una voluntad fuerte y con autocontrol y disciplina propia.
- Declaro que es bendecido con una magnífica familia, con buenas amistades, con buena salud y con fe, con favor, con satisfacción y realización.
- Declaro que es bendecido con éxito, con fuerza sobrenatural, con ascensos y con protección divina.
- Declaro que es bendecido con un corazón obediente y con una actitud positiva de la vida.
- Declaro que cualquier maldición que jamás se haya hablado sobre usted, cualquier palabra mala o negativa dicha en contra suya, será rota ahora mismo.

- Declaro que es bendecido en la ciudad; es bendecido en el campo; es bendecido cuando entra; es bendecido cuando sale.
- Declaro que todo lo que hagan sus manos prosperará y saldrá bien.
- ¡Declaro que es bendecido!
Le animo a recibir estas palabras y a que las medite; permita que penetren en lo profundo de su corazón y su mente y se hagan una realidad en su vida. Practique hacer algo parecido con su familia. Aprenda a hablar bendiciones sobre su vida, sus amigos, su futuro. Recuerde que una bendición no es una bendición hasta que es hablada. Si usted hace su parte y comienza a hablar audazmente las bendiciones sobre su vida y las vidas de los que le rodean, Dios le proveerá de todo lo que necesita para vivir la vida abundante que Él quiere que tenga.
Autor: Joel Osteen - Tomado del libro: Su mejor vida ahora Editorial: Casa creación

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NAVIDAD CON JESUS


Cada Navidad tendríamos que saber convertirla en un hermoso momento para preguntarnos quién es Dios para nosotros. Si Dios es Alguien que influye, que transforma nuestras vidas; o si, por el contrario, Dios es Alguien con el cual nos podemos permitir cierta indiferencia.

En la proclamación del profeta Isaías está centrada una frase que se repite una y otra vez: “Yo soy el Señor, y no hay otro”. En las palabras del profeta está encerrado lo que tiene que significar Dios en nuestra existencia. No puede haber otro señor en nuestra vida que no sea Dios. Y sin embargo, sin darnos cuenta nos dejamos atrapar por otros señores, que son los que acaban mandando en nuestra existencia.

Dice Jesús en el Evangelio de San Lucas: “No se puede servir a dos amos”. No se puede servir a dos señores. ¿Cuáles son los otros señores? Los otros señores son a veces nuestro servicio a las cosas materiales, en vez de a las cosas de Dios. Cuando la ley fundamental de nuestra vida es la comodidad, ése es nuestro señor. Cuando la ley fundamental de nuestra vida es el egoísmo, ése es nuestro señor. Cuando nuestro corazón se cierra a los planes de Dios en nosotros, y somos nosotros los que diseñamos los planes y luego le ponemos una etiqueta que dice ‘Dios’, para quedarnos a gusto, ése es nuestro señor. Cuando, a lo mejor, la soberbia es la que manda, ése es otro señor.

Y sin embargo, el profeta insiste una y otra vez: “Yo soy el Señor; y no hay otro”. Esta insistencia nos hace ver que en verdad, Él es el único capaz de sacarnos adelante, sea buena o mala la situación en que nos encontremos.

Constantemente tenemos que decidir a qué señor queremos servir. Pudiera ser que al analizar mi vida me dé cuenta de que vivo enredado en un montón de situaciones frívolas, ligeras y superficiales. ¿Quiero yo servir al dios de la banalidad o de la frivolidad? ¿Cómo podemos saber cuál es nuestro señor? ¿A qué señor quiero yo servir? Analiza con mucha sinceridad, con mucha autenticidad quién es el que ocupa tu corazón. Si a lo largo del día te encuentras pensando en cosas materiales, no como medio, sino como fin, ése es tu señor. Si a lo largo del día te encuentras pensando más en el qué dirán que en cómo servir al Señor, ése es tu señor.¡Qué serio y qué fuerte es esto! Porque cuánta gente vive sólo y nada más de eso y para eso. Y ahora que llega la Navidad, solo nos enfocamos en las tradiciones, comidas, regalos, y olvidamos lo más importante, celebrar a Jesús.

Cada uno tendría que preguntarse con mucha sinceridad: ¿Quién es mi Mesías? Solamente Aquél que es capaz de curar la ceguera del corazón; solamente Aquél que es capaz de sanar el alma; solamente Aquél que es capaz de limpiar esa lepra con la que, a veces, nuestra vida está cubierta; solamente Aquél que es capaz de quitarnos la sordera espiritual; solamente Aquél que es capaz de resucitar la muerte que, a veces, está en nuestro corazón. Solamente el que hace posible que los ciegos vean, que los cojos anden, que los leprosos queden limpios, que los sordos oigan y que los muertos resuciten, es el Mesías.

Y aunque nosotros en Navidad vemos a Jesucristo como un bebito muy lindo, en un pesebre, la palabra de Jesús es muy seria: “Será feliz aquél que no se avergüence de Mí”; será feliz aquél que sea capaz de traspasar ese rostro superficial de la Navidad y se deje enamorar por el rostro profundo de la Navidad: el rostro de un Dios que quiere ser el primer amor, el amor verdadero de tu vida.

Todos sabemos que quedarnos en la superficie de las cosas nunca compromete, en ningún ámbito de la vida. Quedarte en la superficie de la educación de tus hijos, no te compromete; quedarte en la superficie del matrimonio e ir pasando un año, dos, tres y veinte, no te compromete; quedarte en la superficie de un servicio a los demás, no te compromete. “Dichoso aquél que no se avergüence”, dichoso es aquél que es capaz de entender el rostro profundo de la Navidad, que es el rostro de un Dios que viene a tu vida para decirnos que El sí es el que tiene que venir, que no hace falta que esperemos a otro, que nadie más que El nos va a salvar.

Hoy tenemos una nueva oportunidad, Jesús está naciendo!! dale el regalo más valioso, entregale tu vida. Sin Cristo, es una fiesta prestada, con Cristo comienza la verdadera vida, solo con Jesús en tu vida hay Navidad.



Adaptado. Original church forum.

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EL DIVORCIO Y LOS HIJOS



Hoy en día el divorcio se ha propagado de tal manera que según las estadísticas, en Latinoamérica, de cada tres parejas una se divorcia. La ola de ideologías en nuestra sociedad han anulado los principios éticos, morales y religiosos acerca del matrimonio. Cada vez son más los jóvenes que se casan sin la seguridad de que su pareja va a ser la definitiva y con una "gran clausula" en el contrato matrimonial si las cosas no marchan bien, la primera puerta de escape es el divorcio.

Muchas son las personas que opinan "si no me va bien, me divorcio." "Ahora que estoy divorciado yo se que "Dios" tiene algo mejor para mí," sin saber que lo que realmente Dios tiene para nuestras vidas es una ayuda idónea y debemos esperar en él encontrarla y cuando la encontremos pensar que nuestro matrimonio es realmente para toda la vida y que la única puerta de salida a nuestras dificultades es la solución de las mismas con la colaboración de los dos ("por tanto lo que Dios juntó no lo separe el hombre.")

¿A quién afecta el divorcio? A todos los integrantes de la familia, pero muy especialmente a los hijos. Frente al primer conflicto matrimonial, la primera opción es el divorcio, como una nueva oportunidad de alcanzar la "felicidad." Nuestro deber como padres; formar a nuestros hijos en un ambiente de armonía y cariño que constituye la base para una personalidad sana.

¿Qué ocurre entonces cuando nuestra decisión es recurrir al divorcio?

El niño no aceptará las razones que usted le dé. A él le preocupan los hechos que se están dando en su familia, los cuales lo están lastimando, se siente confundido y no puede visualizar su futuro en estas condiciones, él no quiere tener que decidir entre uno de sus padres como suele ocurrir.




¿Quiénes se divorcian?

Usted dirá... por supuesto que los padres, pero en realidad el divorcio también se da entre padres e hijos. Uno de los padres tendrá que ausentarse de la vida del niño total o parcialmente, esto representa para el niño pérdidas. (Tiempo, cariño, satisfacción de sus necesidades, etc.).

¿Qué siente y piensa el niño?

Piensa que el es culpable de lo que está ocurriendo, que sus padres ya no lo quieren, que es poco importante para ellos (pues no es tomado en cuenta como una persona que está en medio de la crisis sino por el contrario un objeto que es manipulado por los deseos e intereses egoístas de los padres.)

¿Qué sucede con los hijos de padres divorciados?

En la mayoría de los casos, cuando este niño es adulto y tiene la oportunidad de formar un hogar, inevitablemente repetirán los mismos patrones que vivió. Los padres delegamos a nuestros hijos una herencia de bendición o maldición para nuestros hijos.
Los hijos enfrentan sus propios conflictos además de la crisis de sus padres. En el divorcio los padres hacemos uso de nuestros hijos como elementos de venganza, son manipulados, ignorados como personas y reducidos a la calidad de objetos. El niño que está atravesando el divorcio de sus padres, necesita de alguien de fuera "confiable" en quien depositar sus ansiedades y temores.

Papá y Mamá, antes del divorcio piensen, piensen, piensen... no sabe el daño presente y futuro que está causando en la vida de su hijo.

adaptado de LLanos de Icaza

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FELIZ DÍA PAPÁ!!!

Solamente sabrás lo que es ser padre, cuando sientas muy hondo el latido de ese pedazo de tu corazón sobre tu pecho, henchido de legítimo orgullo.

Sabrás lo que es ser padre cuando comprendas que el fruto de tu sueño es ahora una realidad palpitante, ternura en piel viva y mirada inocente ante tu regocijo. Conocerás la dicha de ser padre cuando entiendas que tu sueño ya jamás será completo, cuando sepas del llanto de la madrugada, de tus largas ojeras y la satisfacción de ver a tu renuevo tranquilamente dormido, aunque tú no lo puedas hacer. Únicamente sabrás lo que es hacerse padre cuando radiante pasees a tu hijo en su dorado cochecito, le hables aunque sepas que no te entiende aún y lo veas descubriendo asombrado cada pequeña cosa que constituirá su primera lección de filosofía.




Sabrás lo que significa ser padre cuando en la noche corras por esa medicina que necesita para aliviar su fiebre, al llevar la cuenta de sus vacunas y cuando de puntillas te acerques a su cuna a escuchar su respiración, acompasada y felíz. Cuando por primera vez te diga papá, ría cuando lo lances al aire y no sienta el peligro porque tú le das seguridad con tu sonrisa, cuando le impulses a dar sus primeros pasos, inequívoca señal de que empieza el camino hacia su destino y corras detrás de su bicicleta donde afanosamente pedalea los primeros caminos y distancias del peregrinar futuro de su vida. Sabrás la maravilla que posees cuando lo lleves por vez primera a la escuela y veas sus ojos llorosos porque no quiere separarse de ti y sientas el alma adolorida al alejarte dejándolo en medio de otros egoísmos que, sin embargo, le enseñarán a compartir. Cuando te muestre sus primeros garabateados dibujos, incipiente Picasso que preludia en ellos el afán por la belleza que se esconde en su corazón. Y sobre todo cuando se abrace a ti, tomando tu mano simbolizando con ello la confianza de tu fortaleza, que le dará seguridad en su andar.


Sabrás lo que es ser padre cuando reclame tu tiempo y tu tengas que buscarlo y encontrarlo en donde puedas, cuando lo lleves al circo y a la playa y al paseo cansado pero gratificante, cuando juntos sueñen en las vacaciones en que ambos se pertenecerán por completo, cuando le enseñes a jugar y a llenar rompecabezas y juntos caminen por el parque cualquier tarde esplendorosa de abril. Comprenderás la maravilla que Dios te concedió, cuando te rete con sus primeras preguntas y de momento no sepas cómo contestarlas, cuando le ayudes a escribir la carta a Papá Noel y esperes la vigilia de la Navidad con el ansia compartida de una nueva niñez tuya y descubra en tu abrazo, en tu caricia y en tu beso incondicional, cuánto le amas.


Sabrás lo que es ser padre cuando lo lleves ante Dios por primera vez, le enseñes a orar por todos y sienta que tu cariño es algo en lo que puede confiadamente descansar. Y cuando ves que va creciendo y tú lo acompañas, va avanzando y tú estás a su lado, y se va haciendo adolescente y en ese proceso tú no lo dejas, por duro que sea el ver que poco a poco se desprende de ti, para ir en busca de sí mismo.



Sabrás lo que es ser padre cuando oigas el reclamo inesperado y su deseo de independencia. El día que deje de acompañarte, porque sus amigos lo esperan y sientas que tu corazón se estremece, porque el día llegó antes de lo que pensabas y sientas profundamente que así debe ser, porque es el precio que pagarás por el aprendizaje de su vuelo definitivo.


Y finalmente sabrás lo que es ser padre cuando un día tu hijo tenga que partir para estudiar en otro lugar, o a un trabajo distante y la nostalgia consuma las horas que antes felíz disfrutaste en su compañía y quizás sea el teléfono o el internet la lejana liga que te una a él. Y sobre todo cuando alguien venga y lo lleve de tu lado para perseguir otro arco iris, el de su propia vida, compartida con alguien a quien amará y tú deberás aceptarlo, porque esa es la ley de la vida y tu hijo te fue solamente prestado por un tiempo. Entonces sabrás lo que es saberte padre. Que no estudiaste para ello, pero lo viviste y lo seguirás viviendo. Y el regocijo que eso te proporcionará deberá entonces ser mayor que el dolor que supone el sentir que algo muy tierno se despide de tu alma. Pero es sólo entonces que podrás saber con plenitud, la maravillosa experiencia, regalo de Dios vivo, que es saberse padre.

Rubén Núñez de Cáceres V.

!!MUCHAS FELICIDADES A TODOS LOS PAPÁS!!

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EL VERDADERO AMOR

Nuestra sociedad al referirse a la intimidad sexual, lo hace en los términos de hacer el amor. Pero tener sexo, ¿puede definirse siempre como hacer el amor?
La Biblia en 1º Corintios 13 define al amor como la motivación máxima en lo que hacemos. A la luz de esta definición analicemos algunas situaciones hipotéticas pero comunes:



  • Si dos adolescentes o personas jóvenes tienen un romance, ella resulta embara-
    zada y él la abandona, ¿hicieron el amor? No, porque el amor permanece.

  • Si dos personas se apasionan y tienen un fugaz encuentro sexual siendo amigos,
    compañeros de trabajo o amantes furtivos, ¿hicieron el amor? No, porque el
    amor no hace nada indebido.
    Si no existe un compromiso, un pacto de a dos,
    eso que se entrega es el cuerpo y el deseo, pero no la vida ni el futuro;
    en definitiva, no se entrega la verdadera intimidad de la persona, que es lo
    que eleva al sexo a la definición de hacer el amor.

  • Si una persona casada se enreda con otra que no sea su pareja y tiene sexo
    ¿hicieron el amor? No, porque el verdadero amor no se alegra en la mentira,
    se alegra con la verdad.


  • Si dos novios deciden no casarse pero sí compartir la cama,¿hicieron el amor?
    No, porque quien quiere obtener un beneficio sin pagar el precio es un ladrón.
    ¿Cómo se definiría a quien quiere ver satisfecha su necesidad de intimar sin
    que le cueste demasiado? El verdadero amor no busca su propio interés.

  • Si un matrimonio tiene problemas en la sexualidad y no les interesa solucio-
    narlos, ¿hacen el amor? No, porque el amor nos inspira a buscar el supremo
    bien.
    Quien se niega a trabajar en su relación de pareja boicotea el amor.

  • Si un cónyuge ansía poseer, dominar o satisfacer su propio deseo sin entre-
    garse a un placer compartido, ¿hace el amor? No, porque el amor no se compor-
    ta con rudeza.
    Si hacer el amor es un ahora, aquí y como sea, y no puede ex-
    tenderse en un para toda la vida y en un para bien de la otra vida, entonces
    es una caricatura grotesca del verdadero amor.

Cuentan que hace mucho tiempo vivía en la zona campesina de China una pareja de esposos muy ancianos y en extrema pobreza. No habían tenido hijos y vivian solo de la caridad de la gente. Cada mañana, el viejito salía hasta el mercado con la esperanza de conseguir alguna cosa para comer en la noche junto a su amada esposa. Su único tesoro consistía en una vieja pipa de madera que colgaba en su boca cada noche, aunque hacía mucho tiempo que no tenía dinero suficiente para comprar un puñado de tabaco.
Ella se sentaba a media mañana a la entrada de la choza y peinaba con sus dedos, una y otra vez, sus largas trenzas. Sus blancos cabellos no conocían el peine, pues el último se había roto hacía mucho tiempo y nunca pudo comprar otro.
Al ponerse el sol, llegaba él con algún paquetito de fruta que alguien le había regalado y juntos despedían ese día.
Llegó la fecha de aniversario de bodas. Él salió temprano como cada mañana, pensando qué cosa podría regalarle a su amada. Por su parte, ella, sentada a la puerta de la casita pensaba cómo celebrar de la mejor manera. Al final del día, cuando se reencontraron, el viejito le pidió que cerrara los ojos, la besó en la frente y le colocó en sus manos un regalito que le había traído. Ella, por su parte, sacó de entre sus viejas ropas otro pequeño obsequio que con ternura puso entre sus manos. Ambos viejitos con alegría abrieron sus regalos al mismo tiempo para encontrar una verdadera sorpresa. Ella había vendido sus trenzas, su máximo tesoro, para comprar el tabaco que él añoraba. El viejito había vendido su vieja pipa y le había comprado un par de peines para que ella pudiera peinar sus hermosas trenzas.
El verdadero amor piensa más en la otra persona que en las necesidades propias. El verdadero amor da y se entrega sin esperar nada a cambio. "El que es bondadoso se beneficia a sí mismo; el que es cruel, a sí mismo se perjudica" Proverbios 11:17. Al fin de cuentas, cuando uno hace bien, se siente bien. Por eso, "haga todo el bien que pueda, a todas las personas que pueda, de todas las maneras que pueda, por todo el tiempo que pueda".(Juan Wesley)

José Luis y Silvia Cinalli.

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CUIDE A LOS QUE AMA


Esta joven mujer lo tenía todo: un marido maravilloso, hijos obedientes, un empleo que le daba muchísima satisfacción y la familia unida. A pesar de eso, la tensión permanente entre el trabajo y los quehaceres de la casa, la mantenían con una actitud de enojo e irritación la mayor parte del día.Las ocupaciones la sobrepasaban. Si el trabajo le demandaba mucho tiempo, ella se lo quitaba a sus hijos; si surgían problemas, entonces dejaba de lado a su marido…. Y así, las personas a las que mas amaba sufrían las consecuencias.Un día, su padre, un hombre muy sabio, le trajo un regalo. Era una planta carísima y muy rara, de la cual había pocos ejemplares en todo el mundo. Aquel hombre le dijo: “Hija, esta planta te va a ayudar mucho mas de lo que te imaginas. Tan solo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando. A veces, tendrás que conversar un poco con ella, y a cambio, te dará flores con un perfume maravilloso”.La joven se quedo muy emocionada con el regalo. Pero el tiempo fue pasando y los problemas continuaron sin darle tregua. Así, inmersa en sus ocupaciones, no tenia tiempo para cuidarla. Cuando llegaba a su casa, miraba la planta y, como no mostraba señal de flaqueza, ella pasaba de largo; hasta que, un día, la planta murió. Cuando la joven llego a casa, se llevo una desilusión muy grande. La planta tenia la raíz seca, las flores marchitas y las hojas blancas y amarillentas. La joven, con tristeza, le conto lo sucedido a su padre, quien respondió: “Me imaginaba que eso ocurriría. Ya no te puedo dar otra planta, porque no existe otra igual; era única, como lo son tus hijos, tu marido y tu familia. Que la muerte de la plantita te ayude a recordar que nada es eterno, que todos los afectos merecen cuidado y que tus emociones inciden en la vida de quienes te rodean”.El Señor le ha regalado una familia; pero usted tiene que aprender a amarla, cuidarla, valorarla y darle la atención que merece pues, al igual que la planta, los sentimientos y los afectos pueden secarse y morir. ¡CUIDE A LOS QUE AMA!


Tomado de "Placeres Perfectos"
Foto "Flickr"

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EDUCAR A LOS HIJOS: TAREA QUE COMIENZA EN EL VIENTRE DE LA MADRE


Esperar un hijo es una oportunidad que se te concede para exigirte más a ti misma.
“Un hijo es como una estrella a lo lejos del camino, una palabra muy breve que tiene un eco infinito”. ¿Recuerdas aquel maravilloso y mágico momento de tu vida en que te dieron la noticia de que serías mamá por primera vez? ¿Puedes evocar la cara de tu esposo cuando se lo contaste con el corazón rebozante de alegría? ¡Un hijo! Vamos a tener un hijo -exclamabas- tus ojos brillaban más que nunca y en ellos se vislumbraba esa nueva vida que ya crecía en lo más íntimo de tu ser. La mayor responsabilidad de sus vidas comenzaba. El proceso de educación a largo plazo se iniciaba a partir de ese momento para ti y tu marido. ¿Los encontraría preparados y sobre todos conscientes para llevar a cabo la gran tarea de la educación? ¿Qué es la educación? Podríamos decir que es un trabajo ininterrumpido en el que influyen, al mismo tiempo, mil detalles distintos, que se complementan entre sí, sobre todo, el propio ejemplo.


¿Estás embarazada? Es el momento de empezar a educar y sembrar el amor y sentimientos de seguridad. Puedes escuchar música clásica todos los días a hora fija y hacer tu oración incluyendo al pequeño que llevas en el vientre. Cuando oramos, nos abrimos al amor puro y verdadero. Al amor que no conoce límites, dejamos escuchar la voz de Dios en nuestra conciencia y si eres dócil, el Espíritu Santo te irá descubriendo esas zonas que necesitan crecer. Toda esta posición de apertura a Dios, el niño, tu hijo, la vive, la siente contigo y contigo la interioriza pues el único momento de tu vida en que es totalmente tuyo. Esta, por así decirlo “conectado a ti “, a tu corazón, a tus sentimientos, a tu conciencia. Todo lo que hagas en esos nueve meses, repercutirá en la mente y corazón de tu pequeño. Su sistema nervioso y la seguridad que muestre al venir al mundo dependerán, en gran medida, de lo que hagas cuando estés embarazada y esperando con ansiedad su venida al mundo. ¿Qué más podés hacer? Permití que cada embarazo sea un nueva tarea educativa para vos. Porque sabés que llevás una vida que depende de vos y de tu estado anímico. Intentar leer cosas que te inspiren a ser una excelente madre y elevar a Dios tus oraciones, no dejar que circunstancias exteriores afecten tu paz mental, no dar paso al enojo y la tristeza, hacer ejercicios diarios por 30 minutos, tejer, tomar clases de pintura…todo aquello que te inste a ser creativa, son excelentes consejos. Si trabajás y tenés un tiempo muy limitado, comprometete a reservar 20 minutos al día en un rincón de tu casa para comunicarte afectivamente con tu hijo.


El rol del padre


Seguramente sabés lo importante que es la participación de tu esposo en esta etapa tan importante y crítica en la vida de tu hijo. No permitas que él se haga a un lado en esos importantes nueve meses. Como papá y desde fuera, puede ayudar a educar a tu hijo en el amor y la aceptación. ¿Qué debe hacer? -Tener atenciones especiales con vos con el objeto de transmitir al niño lo que es la delicadeza entre los seres humanos, especialmente entre aquellos que han decidido ser uno. -Invitarlo a hacer una oración todos los días. Lo importante es que el niño interiorice la fe junto a los dos más grandes amores de su vida. -Por las noches invitalo a que ponga crema sobre tu vientre y transmita su voz y su amor al niño. Para tu esposo será una experiencia inolvidable, ya que a medida que el niño crece, el papá sentirá como es reconocido al empezar a golpear las paredes de tu estómago cada vez que lo sienta. Para tu hijito, esto es una vitamina psicológica muy importante, pues exclamará: ¡soy bienvenido!, ¡me aman!. Esperar un hijo es una oportunidad que se te concede para exigirte más a ti misma, para perseguir la madurez emocional, para tener un compromiso más auténtico con la fe que profesas pues no olvides que nuestra sociedad hoy más que nunca está urgida de seres humanos que estén dotados de una educación integral y sepan pensar con rigor. A pesar de que a veces tengamos la impresión de vivir en una sociedad quebrantada por la falta de educación de los valores morales y espirituales, no olvides que mientras existan mujeres como tú, que se preocupen desde el mismo instante en que te sabes embarazada por el cuidado del alma de tu hijo, los seres humanos podremos seguir confiando y depositando nuestra esperanza en la bondad, entrega y fortaleza del corazón femenino

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EL PERDON


La falta de perdón es como un veneno, que tomamos a diario a gotas, pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para otros, sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.

El perdón es una expresión de amor.

El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.

No significa que estás de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.

La falta de perdón te ata a las personas con el resentimiento. Te tiene encadenado.

La falta de perdón es el veneno mas destructivo para el espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.

El perdón es una declaración que PUEDES y DEBES renovar a diario.

Muchas veces la persona mas importante a la que tienes que perdonar es a tí mismo por las cosas que no fueron de la manera en que pensabas.

"La declaración del perdón es la clave para liberarte"

¿Con qué personas estás resentido?¿A quiénes no puedes perdonar?

¿Tú eres infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?

Perdona para que puedas ser perdonado, recuerda que con la vara que mides, serás medido...

"Aliviana tu carga y estarás mas libre para moverte hacia tus objetivos."


Autor: desconocido

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FAMILIAS EXITOSAS


A través de los años, hemos tratado de observar qué tienen en común los padres y los hijos de las familias exitosas. Mi definición de una familia "exitosa" es aquella que es emocionalmente equilibrada, y no la que posee un talento extraordinario. Todas las familias tienen numerosos talentos, pero no todas tienen estabilidad emocional. En mi búsqueda, descubrí que aunque los padres de las familias emocionalmente funcionales estén ocupadas tratando de equilibrar las actividades del hogar, el trabajo, la familia, la iglesia y la comunidad, se dan tiempo para actividades tan sencillas como conversar y escuchar a sus hijos, expresándoles su amor y haciéndoles sentir especiales y valorados. Entienden la importancia de establecer prioridades, poniendo a sus hijos como una de las principales, y con la conciencia de que "ningún otro éxito compensa un fracaso en el hogar". Se hacen responsable de sus hijos conscientes que en la escuela no aprenderán todo lo que necesitan saber y que la casa es el primer lugar y el más efectivo para que aprendan las lecciones de la vida. Se consideran los maestros en la vida de sus hijos y se dan cuenta que su ejemplo es la herramienta de enseñanza más efectiva. No delegan sus responsabilidades paternales al vecino, a la escuela, ni al gobierno estatal o federal; se consideran los principales cuidadores de sus hijos y asumen su responsabilidad con seriedad. En resumen, sus vidas y las de sus hijos están llenas de propósitos mutuos.
Parece una familia salida de un cuento de hadas, ¿Verdad? No precisamente. Hay muchas familias así en todo el mundo, pero por alguna razón, no escuchamos hablar de ellas con mucha frecuencia.


Del libro "Como estimular con música la inteligencia de los niños" de Sharlenne Habermeyer.-

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Cuando hablamos de familia exitosa...



¿Cuál sería tu respuesta si tu mundo se desmorona? ¿Si circunstancias adversas hubieran llevado a tu matrimonio y/o familia a un punto límite?
Con asombro miro a muchos matrimonios y familias que se hicieron más fuertes en medio de las pruebas más difíciles de la vida!!
De esto, se trata el éxito, saber salir de donde te encontrás: enfermedades, ruina financiera, un hijo que se ha ido de la casa, adicciones sexuales, depresión, infertilidad, fusión de la familia, y un sin número de situaciones...
Ninguno está inmune a las diversas presiones que tienen el potencial para amenazar tu matrimonio y tu familia.
"Quien tropieza no ha fracasado; siempre que conserve la capacidad de levantarse será una familia exitosa".

"Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! (...) Uno solo puede ser vencido pero dos pueden resistir. El cordón de tres dobleses no se rompe facilmente" (Eclesiastés 4:9-10,12)

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