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Aceptación en el matrimonio


La Aceptación es una necesidad fundamental para tener un matrimonio saludable!

La Aceptación es una de esas necesidades y significa entender que tu cónyuge tiene una identidad propia que esta determinada por su temperamento, su cultura, su educación y el medio ambiente en el que se desarrolló, entre otras.

Todos los seres humanos tenemos la necesidad de sentirnos aceptados.Lo contrario es el rechazo e implica una manifestación de no aceptación que genera juicio, crítica, malestar, enojo, resentimiento y baja autoestima.

En el matrimonio ambos deben aceptarse tal como son con sus virtudes y defectos.

A partir de la aceptación mutua, se puede y se debe trabajar para mejorar ayudándose mutuamente.
 
Muchos cónyuges no recibieron esta manifestación de amor en sus hogares y se sintieron rechazados por alguno de sus padres y muchas veces por los dos, aunque de manera generalmente inconsciente.

No obstante esta falta de aceptación la arrastran al matrimonio. Al inicio de la vida conyugal no se manifiesta por cuanto en la etapa del enamoramiento si se sienten aceptados. El problema sale a la luz cuando pasada esa etapa comienzan las quejas, las actitudes despectivas, la indiferencia y las ofensas.

En el matrimonio es completamente normal que los cónyuges sean diferentes o muy diferentes. Lo contrario es poco común, ya que en las relaciones de pareja ocurre lo mismo que en las leyes de la física, polos opuestos se atraen y polos iguales se repelen.

La idea es que sean complementarios.
 
Entonces los cónyuges deben entender que en la relación matrimonial cada uno tiene que aportar sus dones y virtudes que van a ayudar a su cónyuge y viceversa. Siempre hay un cónyuge más activo que el otro y siempre hay uno más pasivo que el otro. Entonces el más activo debe entender que ese será uno de sus aportes al matrimonio de por vida y a su cónyuge probablemente le tocará activar la paz.

Colosenses 3: 12-15: Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Sobre todo, vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos.


Para disfrutar de un matrimonio saludable es imprescindible que nos aceptemos mutuamente y trabajemos cada uno por nuestra parte para que nuestra respuesta a las actitudes de nuestro cónyuge que nos molestan, sean bondadosas, humildes y pacientes. Y por otro lado entender que nuestras fortalezas son nuestro aporte al matrimonio y nuestras debilidades son las que necesitamos que nuestro cónyuge nos ayude a manejar.

Tómese unos minutos para meditar en esta enseñanza y luego siéntese a hablar con su cónyuge acerca de las fortalezas y debilidades de cada uno y como se pueden complementar para ayudarse mutuamente y lograr tener un matrimonio saludable y agradable.

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro mas valioso que Dios te ha dado. Cuídalo!

Luis y Hannia Fernandez

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MEJORA TU MATRIMONIO

Te quiero dar una herramienta garantizada que mejorará drásticamente tu matrimonio en una semana.
Tanto tú como tu esposa deben comprometerse a hacer lo siguiente: No causen dolor, den placer.
Después de años en terapia con parejas y estar casado por veinte años, creo que la clave del matrimonio se basa en este principio. Pero ¿acaso puede ser tan fácil? No tengo ninguna duda de que la respuesta es… "¡Sí!"
Entonces si es tan fácil ¿por qué nadie lo hace? Debería ser fácil – dejar de causar dolor y darse placer el uno al otro, ¿verdad?
He aquí algunas razones por las cuales mucha gente no está aplicando este principio.


Primero que nada, la mayoría de estas parejas no están conscientes de este principio
Hay tanto escrito sobre el tema de relaciones, que todo suena como si fuera complicado. De hecho, hacer las cosas más complicadas de lo que son es un problema básico de la naturaleza humana.
La vida es mucho más simple de lo que pensamos. Sólo que la hacemos mucho más difícil de lo que tiene que ser.


Segundo, aplicar esta herramienta requiere esfuerzo consciente y mucho trabajo.
Otro aspecto de la naturaleza humana es que a la gente no le gusta el dolor. Sin embargo, cuando se trata de la construcción de un matrimonio uno debe estar dispuesto a aceptar mucho dolor.
La gente comúnmente dice que tienes que trabajar en tu matrimonio, pero la mayoría de la gente no sabe lo que eso significa.
Te puedo prometer al menos una cosa: si tú y tu esposa se comprometen a trabajar con esto, los dos llegarán a entender el significado de "trabajar en una relación".
Tercero, para aplicar esta herramienta exitosamente tienes que querer dar en lugar de tomar. El matrimonio es una gran prueba. Una persona que da es aquella que está comprometida a minimizar el hecho de causar dolor y a maximizar el hecho de dar placer. Según esta definición, ¿eres una persona que da?
Si quieres darte cuenta rápidamente, trata de aplicar esta fórmula durante una semana y ve cómo te va. Para ponerla en práctica, he aquí algunas sugerencias prácticas. Primero para no infligir dolor y segundo para dar más placer.

Como No Infligir Dolor

• En general, chequea la manera en la que le hablas a tu pareja y no dejen ninguno de los dos que se les salga cualquier comentario que sea doloroso o poco amable. Hazlo evidente inmediatamente. No debes aceptar nunca ninguna forma de trato abusivo.
• No hables sin respeto. No seas un patrón, no des órdenes, demandas o seas rudo/a. A veces creemos que por haber tenido un mal día o porque estamos bajo mucha presión, tenemos derecho a descargarnos con nuestras parejas. Trata de detectar la próxima vez que sientas que serás rudo o demandante, y recuerda callarte la boca hasta que puedas hablar bonito.
• Ten cuidado con tu tono de voz. Si le hablas a tu pareja con irritación o enojo en tu voz, le estarás causando dolor.
• No critiques, denigres o ridiculices. Nunca avergüences a tu esposa/o en público.
• Si le debes dar a tu esposa/o una "crítica constructiva" no lo hagas en el mismo momento, espera dos días antes de decirlo para que estés seguro de que no lo estás diciendo con enojo o con un mal tono de voz.
• Cuida tus expresiones faciales. ¡Las miradas matan!

Como Dar Placer

• Lo que es increíble es que la mayoría de las parejas no tienen idea de lo que les gusta o no a sus parejas. Entonces siéntate con tu pareja y haz una lista de todas las cosas que le dan placer y realiza una de esas cosas diariamente.
• Sonríanse el uno al otro. Te asombrarás al ver cuánto placer se pueden dar el uno al otro al estar conscientes de sonreír lo más posible.
• Antes de decir o hacer algo, pregúntate: ¿Esto me acercará a mi pareja o nos alejará más? Si te acercará hazlo, si te alejará no lo hagas.
• Siempre pregunta, "¿Qué puedo hacer por ti?". Busquen maneras de ayudarse el uno al otro. Siempre estén ahí para el otro. Abre la boca y pregunta, y seguro que no perderás oportunidades para ayudar.
• Ten una reunión de honestidad una vez al mes. Díganse el uno al otro cómo van tanto en el departamento del dolor como en el del placer. El objetivo es obtener retroalimentación para que puedan mejorar constantemente.
Por último, es crucial que cada día te vuelvas a comprometer con el objetivo de dar placer y no causar dolor. ¡Los grandes matrimonios se crean día a día!

Autor: D. Heller

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LA UNIDAD DEL MATRIMONIO


"Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer para formar un solo cuerpo" Genesis 2:24 TLA


No se trata de un enfoque de carácter psicológico ni teológico; se trata de algo enteramente pragmático y por tanto, funcional.

El matrimonio es eso, un tratado entre dos partes que mantienen su individualidad aunque sean inmensamente diferentes entre sí. Las dos partes al unirse conforman una nueva unidad (que difiere a las otras dos) y por tanto, tiene identidad propia. No obstante, las dos partes (hombre y mujer) deben guardar su idiosincrasia o particularidad a fin de que esa unión, representada por el matrimonio, sea enteramente funcional.

Lo práctico siempre debe ser simple y en esta unión entre un hombre y una mujer, concebida por Dios desde el Génesis, no se puede ni debe obviar la simplicidad.

Dios, en Su conocimiento de la raza humana, busca simplificar ese convenio bilateral entre un hombre y una mujer (el orden no tiene ninguna relevancia) para que sea el matrimonio como institución, absolutamente funcional.

Obsérvese rápidamente el pasaje al inicio:
El hombre está comprometido u obligado a “dejar” a papi y a mami. Esta afirmación es casi anatema en nuestros días y en nuestra sociedad, aún en círculos cristianos. La simplicidad del matrimonio es esencial para que exista la funcionalidad. Esto exige la “no intervención” de otras personas y de manera muy particular, la de los padres, por más bien intencionados que sean. Nuestra sociedad latinoamericana sufre el embate de la participación de los padres y de las madres en los matrimonios de sus hijos. En gran número de ocasiones, los padres no renuncian a la responsabilidad rectora sobre sus hijos/hijas, después de que estos se han casado. Buscan continuar ejerciendo autoridad, dictando políticas y procedimientos y definiendo el curso de las vidas y conductas de los hijos e hijas casados. Tal situación no sólo es fatal sino, que impide el desarrollo de la identidad del nuevo matrimonio y evita que este llegue a ser funcional. Esto empeora cuando vienen bebés y corresponde a los abuelos cuidarlos. Quizás es esta una de las principales causas de los divorcios. Todo lo anterior aplica de igual manera, a la mujer.

Hombre y mujer están requeridos a unirse de veras. Es preciso entender y aceptar las reglas de esta nueva unidad para que sea funcional. Dios así lo conceptualizó. El matrimonio es una unidad propia en sí misma que requiere de fines, objetivos y metas claramente definidas y cuyos alcances requieren de evaluación periódica. Además, es una nueva unidad que demanda principios y valores que, en la mayoría de las ocasiones han de diferir de aquellos de los padres para conceder el paso a una nueva forma de actuar. Es decir, aunque parecidos, no pueden ni deben ser iguales. No existen fórmulas mágicas para nadie. Lo que sí existe en virtud de la Palabra de Dios, son los valores de alcance eterno, por ejemplo: el amor y el respeto mutuo, la entrega sincera, la integridad y la verdad, el perdón y la ausencia del engaño y la falsedad y así, muchos otros que se derivan de la enseñanza de las Sagradas Escrituras. Debe haber unidad espiritual en busca de una relación cercana con Dios por medio de la oración y el estudio de la Palabra de Dios, juntos e individualmente. Es un triángulo de amor que permite que entre más se acerquen los esposos al Señor en forma individual, más cercana sea la relación entre ambos. Debe también existir unidad física que conduzca a una relación sexual plena, en entrega mutua y en busca del placer pero, en absoluto respeto por la moral del cónyuge y por supuesto, que es necesaria la unidad en lo material y en las ambiciones, que deben ser siempre comedidas y realizables.

Finalmente, para que este convenio sea funcional, debe ser bueno para ambas partes. Tanto marido como esposa deben hallar satisfacción diaria en su relación por medio de una comunicación diáfana. No se debe dar nada por sentado. La declaración de amor del uno hacia el otro, nunca debe cesar. Es de suma importancia reafirmar al cónyuge en el amor y la entrega que se manifiesta en actos incondicionales de cariño y romance. La flor, el chocolate o el regalito que sirvan como expresión de la constante permanencia en el pensamiento de aquella persona que representa el objeto del amor. Es fundamental mantener encendida la llama del amor para que prevalezca el matrimonio como una entidad en donde hay paz y amor, donde las presiones cesan y donde los errores y los éxitos pueden ser ventilados, sin sentir amenazas porque hay seguridad y confianza en medio de las circunstancias.

Familias exitosas, existe para ayudar a matrimonios jóvenes y viejos a caminar sobre principios sencillos, que hacen de la vida en pareja una maravillosa experiencia a través de los años, en triunfos y en fracasos que convierten al matrimonio en una gloriosa aventura disponible a cualquiera y a cualquier edad. Una matrimonio feliz, es totalmente posible en tanto que se comprendan los propósitos de Dios y haya disponibilidad para seguir sus designios.
Adaptado de R. familiar. Autor: M. Pérez

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SU MATRIMONIO NECESITA AFINACIÓN


Generalmente las parejas inician su matrimonio con el motor «a punto», pero con el paso del tiempo su relación comienza a girar en falso. La emoción desaparece, las discusionesse sobrecalientan y la presión del trabajo, los niños o la hipoteca se hace notar. ¿Qué causa que una máquina que tiempo atrás tenía una marcha serena ahora ande a los golpeteos y tirones?

Observe las luces del tablero

Las grandes culpables son esas pautas de pensamiento que agotan el matrimonio y conducen a grandes explosiones. Cuando los conflictos se transforman en lo habitual, no es sorprendente que alguien comience a fijarse más en los aspectos negativos de su relación que en los positivos. Aquí se mencionan algunas de esas luces de advertencia que se encienden en el tablero. ¿Alguna de ellas le resulta familiar?

1. Su cónyuge lo aburre. Antes de casarse, el conocerse y establecer un compromiso profundo eran todo un desafío. Pero ahora ya han experimentado casi todo y ambos sienten la falta de entusiasmo. La vida está tan llena de otras cosas que es fácil dejar de hacer el esfuerzo de aprender más del otro, y exhalar un bostezo.

2. Se concentra en las diferencias. Esas peculiaridades de la otra persona que en una época le parecían encantadoras, hoy las encuentra insoportables. Son incalculables las veces que me he dicho a mí mismo: «¿No sería todo mucho más fácil si Cris (mi esposa) hiciera las cosas a mi manera?»

3. Fantasea a menudo. Es fácil caer en el hábido de soñar despierto con el «cónyuge perfecto» a fin de no enfrentar al real. En parte es natural, ya que es mucho más fácil tratar con la fantasía. Sin embargo, se puede llegar demasiado lejos, especialmente si uno deja que lo invada la desilusión cuando el cónyuge no alcanza esos estándares. ¡Despierte! Los sueños son solamente sueños.

4. Evita a su cónyuge. Tener un tiempo a solas es sano. Por ejemplo, trato de salir a acampar solo una vez al año. Pero si usted evita el contacto con su cónyuge, o si el tiempo que pasan juntos le parece una obligación, es una advertencia clara de que necesitan pasar más tiempo juntos.

5. Persigue metas individuales. Las parejas se desaniman cuando les resulta difícil establecer metas comunes. Cuando la comunicación comienza a resquebrajarse, es muy fácil pensar: «De todos modos, mi esposa nunca me escucha. Entonces, voy a tomar la decisión yo solo». Sin ser consciente de ello usted se concentra en lo que usted necesita, en lugar de ver lo que es mejor para ambos.

6. Ha alcanzado el punto de ebullición. Si todo lo que su cónyuge hace lo irrita y lo enloquece, es una señal inequívoca de que sus actitudes están atascadas en lo negativo. Pero si piensa en el pasado, recordará el tiempo en que la relación estaba llena de promesas. ¿Qué cambió?

¿Qué hay bajo la tapa?

Si reconocer las señales de emergencia lo lleva a aferrarse desesperadamente del volante, no se asuste. Las luces le avisan simplemente cuando parar y controlar que todo esté funcionando bien. A continuación, le propongo ocho maneras de darle a su matrimonio la afinación que necesita.

1. Actúe intencionadamente. Cree una experiencia positiva para usted y su esposa. Gaste buen dinero organizando una salida nocturna o una sorpresa para su cónyuge, y repítalo un par de semanas después.

2. Analice a su pareja. ¿Qué cosas son las que le interesan? ¿Cuáles son sus sueños? ¿Qué haría su vida más satisfactoria? Una forma de hacer que su cónyuge se sienta apreciado o apreciada es expresar un interés genuino. Además, usted mismo sentirá un gozo profundo al colaborar en hacer más placentera la vida de su pareja.

3. Clasifique los elementos negativos. ¿Cuáles son los problemas con los que puede convivir y cuáles son aquellos que necesitan ser resueltos? Si usted realiza una clasificación, se sorprenderá al ver cuán pocos son los problemas realmente «grandes». Además, si ataca uno o dos problemas simultáneamente, el próximo no se verá tan insalvable.

4. Establezca metas comunes. Haga a un lado la tendencia de centrarse en sí mismo y encuentre una o más áreas en las que trabajar juntos. Hace poco tiempo atrás, Cris y yo nos pusimos de acuerdo en gastar menos dinero durante los próximos doce meses, a fin de cancelar una deuda que tenemos pendiente. Alcanzar esta meta juntos transformó un punto conflictivo en una experiencia de mutuo acercamiento.

5. No deje que los sentimientos se pudran. Encuentre el tiempo y la energía para resolver los desacuerdos ni bien aparecen, aun cuando necesite una larga noche para hacerlo. Resentimientos que datan de largo tiempo atrás consumen mayor cantidad de energía que luchar un par de horas con un problema.

6. Viva la realidad. ¿Sabe que el césped del otro lado de la cerca no es más verde? El cónyuge perfecto no existe en ninguna parte. Por ello, busque a quien ama y aprecie a la persona a quien ha escogido.

7. Sea servicial. Ésta es la forma cómo Jesucristo cautivó a las multitudes. Por esta razón, haga que esta semana su pareja sea el blanco de un par de buenas obras. Servir a su cónyuge hará que usted mismo se sienta mejor.

8. Persiga la excelencia. Trabaje tan arduamente en mantener su matrimonio como lo hace para superarse en su trabajo o criar mejor a sus hijos. ¿Qué áreas necesitan atención extra? ¿Cómo se dará cuenta de que alcanzó sus metas? Genere nueva energía y creatividad, y aplíquela a su matrimonio.

No deje que los obstáculos lo saquen de la carretera. Una relación positiva es un destino valioso para alcanzar juntos.


Miguel Lace (M. vida familiar)

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INDIVIDUALIDAD EN EL MATRIMONIO

Sin pensarlo, mucha gente ha aceptado el mito de que la intimidad se produce automáticamente cuando uno pasa mucho tiempo con su cónyuge. De hecho, mucha gente cree que la respuesta para volver a descubrir la intimidad equivale a pasar más tiempo juntos. Eso puede ser vital, pero no es el único ingrediente de un matrimonio saludable. Uno de los componentes más elementales de una relación sana es ser una persona sana.

Para tener una verdadera conexión con los demás es necesario tener una verdadera conexión con uno mismo. Uno de los aspectos primordiales de la individualidad es saber lo que uno siente sobre diferentes personas, acontecimientos y circunstancias en la vida.
Un segundo aspecto de la individualidad es saber lo que uno piensa. ¿Cuántas veces le han preguntado lo que usted piensa y sólo puede responder diciendo “No sé”? Por supuesto que sabe, pero compartir sus opiniones con los demás puede requerir trabajo, por no hablar de cierto grado de riesgo.
Otro aspecto de la individualidad es saber lo que uno quiere. Si ha estado obsesionado con complacer a los demás, probablemente espere que ellos le lean la mente. Por desgracia, esa manera de pensar está destinada al fracaso. Si a usted lo han criado con una personalidad complaciente, tal vez no sepa cómo se siente, lo que piensa ni lo que quiere. En particular, tal vez se haya obsesionado con la felicidad de su pareja. Si su cónyuge es feliz, usted es feliz. Si su cónyuge está triste, es posible que usted esté triste. Después de años en que su autoestima ha dependido de los demás, ejercer su propia individualidad puede ser muy amedrentador.
Elisa esperaba que Miguel fuera todo para ella, en vez de asumir la responsabilidad de su vida conservando amistades y llevando a cabo actividades propias. Esperaba demasiado de Miguel, más de lo que él podía dar. Miguel y Elisa tuvieron que volver a crear su relación. Tuvieron que conversar acerca de cómo sería un matrimonio en el que cada uno disfrutara de actividades individuales y luego se juntaran para cultivar una amistad especial. Eso ocurrió, pero produjo mucho dolor. Elisa pasó por un período en que dudaba de sí misma y se desalentaba antes de encontrar la manera de pedir lo que necesitaba sin sofocar a Miguel. Miguel tuvo que encontrar la forma de dar más de sí mismo a su matrimonio al tiempo que disfrutaba de los frutos de una carrera. A veces se ofendían mutuamente y tenían que abordar sentimientos heridos y malentendidos. Miguel y Elisa aprendieron lo que significaba la interdependencia, construyeron un fuerte vínculo juntos.
¿Cómo contestamos las preguntas sobre la interdependencia en una relación conyugal? ¿Cómo comprendemos a Dios cuando Él dice que las parejas han de unirse y que “serán una sola carne”? "Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne". (Gn. 2:24)
¿Desea Dios que rindamos nuestra personalidad a otra persona?
El patrón bíblico para el matrimonio no se lleva nada de nuestra personalidad. De hecho, el matrimonio que Dios diseñó nos ayuda a alcanzar nuestro pleno potencial. Es verdad que nada es más dulce que la imagen del matrimonio como Dios lo creó: dos personas viviendo como una sola carne para toda la vida. Pero ser “una sola carne” no significa negar quiénes somos.
El amor es el centro del matrimonio, y es el centro del mismo Dios. "Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él". (1 Jn. 4:16). Al mismo tiempo, el amor no es suficiente. La relación matrimonial necesita otros ingredientes para crecer y prosperar. Esos ingredientes son libertad y responsabilidad. Cuando dos personas tienen la libertad de disentir, tienen la libertad de amar. Y cuando dos personas juntas asumen la responsabilidad de hacer lo que sea mejor para el matrimonio, el amor puede crecer. Cuando no hacen eso, una de ellas asume demasiada responsabilidad y siente resentimiento por ello; la otra no asume suficiente responsabilidad y se vuelve egocéntrica o controladora.
Dos personas singulares construyen un matrimonio exitoso cuando se juntan en el vínculo del amor para crear algo maravilloso que no pueden lograr por sí solas. Para que eso ocurra, debemos ser responsables de nuestra propia conducta, no de la de nuestro cónyuge.

Del libro "CUANDO COMPLACER A OTROS LE HACE DAÑO"



David Hawkins

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¿Que hago para alcanzar el éxito en mi matrimonio?


Este es un tema tan amplio como la misma Biblia, de Génesis a Apocalipsis, empieza con un matrimonio y termina igual. Es una relación tan significativa e importante para Dios que El mismo la compara y la muestra como la sombra o figura de la relación de Cristo con su Iglesia.

“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo. Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.” (Efesios 5:31-33)

Así que compartiré contigo algunos principios fundamentales que te pueden ayudar a abrir las puertas al éxito para tu matrimonio. Estos principios los obtenemos por supuesto de la Biblia que es el manual de Dios para el comportamiento humano.

Entrégate íntegramente sin esperar nada a cambio.

Así como Cristo se entregó por nosotros sin esperar nada a cambio. El resultado será nuestra propia felicidad, ya que nuestro mayor deseo en el matrimonio será hacer feliz a nuestro cónyuge. Actuando así, segaremos felicidad también para nosotros. Recuerda la ley de la siembra y la cosecha, cuando más recibimos en cuando más hemos dado.

Actúa con madurez

La madurez en la esfera emocional se le llama GENEROSIDAD. Los bebés y los niños son egoístas, un niño siempre se quiere salir con la suya, demandan más de lo que dan, es lo natural. El problema es que a veces llegamos al matrimonio con esta actitud inmadura lo cual puede ser desastroso. La mejor actitud que contribuye al éxito del matrimonio está basada en la generosidad. Una persona madura se casa no por lo que pueda obtener sino por lo que pueda entregar a su pareja.

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. (Filipenses 2:3-4)

Se una mujer sujeta

No hay ninguna organización que funcione adecuadamente si cuenta con dos cabezas; y lo mismo sucede en el hogar. Uno de los más grandes obstáculos para el éxito del matrimonio es que hoy en día se cree, equivocadamente, que la mujer no debe estar sujeta a su marido. La educación y la psicología modernas le han dado la idea a la mujer que la sumisión es una noción anticuada. Pero cuando la sumisión abandona el hogar, por la misma puerta sale la felicidad.

Con amor y sabiduría puedes y debes expresar tu opinión esto es parte también de ser “ayuda idónea”.

La sujeción no significa que la mujer no puede expresar su opinión “siguiendo la verdad en amor” Efesios 4:15, sino que debe someterse a los deseos de su esposo cuando el toma una decisión.

Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,

Considerando vuestra conducta casta y respetuosa. (1 Pedro 3:1-2)

Una verdadera comunicación

La mayor parte de los problemas conyugales nacen de la incapacidad de dos personas para hablar entre sí el hombre y la mujer maduros reconocen que hay unidad en el amor, pero al mismo tiempo tiene que haber libertad para ambos. Ninguno debería ser absorbido por el otro. Cada uno debe mantener su personalidad y su identidad debe haber respeto por los derechos y privilegios del cónyuge. Las parejas que se sienten seguras en el matrimonio pueden ser honestas en todo tipo de sentimiento. El hombre y la mujer que pueden ventilar sus diferencias, despojarse de su hostilidad y luego besarse y hacer las paces, cuentan con una gran probabilidad de envejecer juntos.

Haz del perdón un hábito

El perdón es parte de la vida de todo cristiano y más aún es dentro del matrimonio. La falta de perdón trae rencor, tensión amargura y no permite que todas las bendiciones se derramen sobre nuestra vida. El Señor nos manda a perdonar así como el nos perdonó.

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.”(Efesios 4:26-27)

Jesucristo está interesado en todas las áreas de tu vida. Si vives de acuerdo a su voluntad pídele que te ayude a utilizar estos consejos en tu matrimonio y verás como tu hogar se verá ricamente bendecido.

Aprende a depender del Espíritu Santo, clama por sabiduría en todo lo que digas, ama con todo tu corazón y haz del perdón un hábito en tu matrimonio, Disfruta las cosas pequeñas, ama, respeta, y acepta a tu cónyuge tal y como es.

“Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vinieron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.” (Mateo 7:24)
Pastora Sonia Luna.-

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¿NO TENEMOS NADA QUE DECIRNOS?

Hace algunos años dos jóvenes se casaron. El amor hizo que rompiesen las amarras de lo conocido y se lanzasen a la aventura emocionante del vivir juntos, con el compromiso del “para siempre” que sólo son capaces de dar los que se aman. Dos años después nacía una encantadora niña. Cuando la niña cumplía sus dos años, los esposos estaban separándose.

¿Por qué? Cuando le preguntaron eso al esposo y padre, respondió, no sin un deje de tristeza y de fracaso, con estas palabras: “No soy capaz de comunicarme con mi esposa, no tenemos nada que decirnos”.

La historia, el drama de esta pareja y de su hija de dos años no es, desgraciadamente, algo insólito. Que fracasen matrimonios es algo que ocurre por infinidad de motivos y en todos los continentes. Que fracasen a los 4 años de casados no es algo del otro mundo, cuando hay quienes empiezan los problemas antes de celebrar el primer aniversario de bodas... Que se rompa la pareja incluso cuando hay de por medio uno o varios hijos pequeños tampoco es novedad. Entonces, ¿podemos declarar ya algo normal el que se diluya un matrimonio que unió precisamente a dos personas porque antes brillaba un amor intenso entre ellos, y ahora se apagó?

Al lado de tanto dolor y de tanta amargura encontramos otro tipo de parejas. “Viven juntos”, pero no sólo eso: cada día es un crescendo de amor, de proyecto común, de sueños y de planes para el mañana, de luchas y de fatigas para superar los problemas que se van presentando. Por eso no sólo “viven juntos”, sino que se aman, y por eso están juntos...

Alguien decía: “Si al mirarme te acuerdas de mí, no me mires; pero si al acordarte de mí me miras, ¡mírame siempre!” Los esposos felices, cuando vuelven a mirarse no lo hacen porque se crucen al ir de un sitio a otro de la casa, sino porque todavía hoy necesitan volver los ojos con el corazón a aquel o a aquella en quien siguen pensando con cariño y sin pausa...

Son parejas, también hay que decirlo, que pasan por momentos difíciles, por luchas, por “crisis matrimoniales”. Pero saben ver lo que hubo antes y lo que vendrá después de la tormenta. Quizá incluso discuten y no llegan a un acuerdo sobre esto o sobre lo otro (el nuevo lavarropas, el color de la pintura del cuarto, la madera para construir una silla nueva, el modo de tratar al hijo pequeño o al que inicia la adolescencia), pero encuentran las fórmulas para que el choque no lleve a daños mayores, y restablecen lo más pronto posible los lazos de la unidad y de la armonía.

En contraste con lo que nos decía el joven esposo y padre que nos llevó a iniciar estas reflexiones, estas parejas felices “SÍ tienen mucho que decirse”, porque están continuamente renovando un amor desde las nuevas experiencias y situaciones que la vida presenta sin interrupción.

El amor entre un hombre y una mujer tiene mucho de aventura y de pasión. Pero sobre todo es compromiso y entrega madura y responsable. Entre nosotros, a diferencia de casi todos los animales, no hay periodos fijos para la vida sexual ni para la vida comunitaria. Cualquiera puede entrar a formar parte de un matrimonio un radiante día de primavera (aunque haya un calor de espanto o caiga una tormenta tropical), y cualquiera puede abandonar sus compromisos porque le aprieta el zapato derecho, porque él o ella pesan 10 kilos de más, o por motivos más serios, incluso justos. Cada uno afronta la situación desde su propia libertad, y los mismos problemas pueden hacer que unos esposos maduren en su amor, y que otros pasen durante varios meses o años ese infierno de juicios y de riñas para lograr una separación lo más ventajosa posible... si es que se puede “ganar” una causa que no es sino la consumación de una derrota existencial.

Desde luego, hay casos en los que no sólo conviene separarse, sino que parece no haber otra salida. Cuando la otra parte está siempre en actitud de lucha y de acusación, busca y piensa sólo en el dinero, en el vino, en la droga o en el placer adultero y degenerado, o golpea una y otra vez, de modo incluso gravemente peligroso, a los niños o al otro cónyuge, y no da muestras de ningún deseo de cambio ni de superación... uno no puede no declarar fracasada una convivencia que ya no existe, que sólo genera odios y heridas siempre abiertas.

Por desgracia, no siempre el noviazgo ayuda a prevenir estas situaciones, a descubrir los problemas de incompatibilidad que podrán nacer en la vida matrimonial. Por eso los novios deberían darse cuenta de lo que implica buscar la pareja para el resto de sus años, y pensar muy bien si se encuentran con la persona justa, o si quizá conviene todavía esperar un poco antes de dar un paso en falso del cual hay que arrepentirse luego, una vez que se han producido daños a veces irreparables.

Fuera de casos que merecen el juicio de un psiquiatra o de personas competentes, ¿cómo lograr que un matrimonio normal no naufrague? La respuesta es fácil y es difícil. Es fácil porque muchos ya han triunfado: basta que los dos pongan lo poquito que esté de su parte. Antes de casarse, pensándolo bien. Una vez casados, buscando continuamente que el amor crezca y madure. Pero también es difícil, porque cuando la otra parte no responde y se atrinchera en sus derechos y en sus mayores o menores “razones”, parece que cualquier esfuerzo resulta inútil, y uno ve la barca a la deriva, cada vez con más agua en la cubierta...

Por ello hay que descubrir todos los días esa “llave” que nos puede abrir el corazón del otro, como recuerda una escena simpática de esa conmovedora película, La vida es bella: los detalles. Siempre es posible volver a lanzar amarras e intentar la conquista maravillosa de un corazón que un día me cautivó y que quedó cautivado por mí. Esos detalles son sólo verdaderos (es decir, significan, dicen mucho) si arrancan de un corazón dispuesto a triunfar en el amor, dispuesto a darlo todo por el otro o la otra, pues en el juego del amor el que más pierde más gana...

Hay que descubrir, sobre todo, que la llave del cariño viene de la experiencia de Dios en la propia vida. Quien se sabe amado por Dios, quien sabe que Dios ama al propio esposo o esposa, ¿no está en las mejores condiciones para vivir un matrimonio feliz? ¿No es hermosa la vida conyugal cuando los dos han dejado el primer lugar a Dios en la vivencia de los propios compromisos como esposos y como padres?

¿No tenemos nada que decirnos? No siempre se ven parejas que hablen. Pero ni siquiera el hablar es necesario para vivir en un profundo amor matrimonial. Entre dos esposos enamorados, aunque ya hayan cumplido los 25 o los 50 años de casados, hay veces en que no hace falta decir nada. Bastan ciertos gestos y ciertas miradas, y todo está entendido. Se ha dicho mucho, porque hay mucho amor: sólo desde el amor se comprende y se acepta al otro, con o sin palabras.

Al esposo y padre que nos llevó a iniciar estas reflexiones quisiéramos decirle muchas cosas. La separación es no sólo un drama, sino una derrota. Y el amor verdadero no se resignará nunca a morir. Hay que volver a empezar, hay que decidir amar de nuevo. Quizá el tiempo ha dejado polvo o rutina, heridas o pequeñas incomprensiones, pero donde hay amor siempre se puede empezar. Habría que buscar incluso unos momentos para renovar, delante de Dios, las promesas matrimoniales, y para pedir que reviva lo que fue una realidad, lo que está llamado a ser un amor cada día más maduro y más hermoso. Y no dejar de creer que podemos cambiar, que es posible comunicarse, con el lenguaje del amor, con la esposa, con el esposo, para el bien de los dos y para el bien de los hijos que esperan ver a sus padres felices y enamorados para siempre.

Autor:Fernando Pascual
Adaptado por familias exitosas

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5 maneras de decir Te amo sin palabras


En muchas parejas sucede que al principio el amor es una llama que puede calentar una catedral, pero con el tiempo se van perdiendo los detalles y el romance, entonces esa llama se vuelve cada vez más pequeña y otras veces hasta se apaga.


Decir Te amo, sintiéndolo de verdad, es lo mejor que podemos hacer para mantener vivo el amor. Pero con los cambios a los que no sometemos al formar una pareja muchas veces olvidamos lo importante que es sentirnos amados y hacer que nuestra pareja se sienta amada.

Ocurre luego que se pierde el contacto entre la pareja y empieza la ruptura que puede en muchos casos terminar en divorcio. He recopilado cinco maneras de decir te amo sin palabras para que esa llama siga encendida y no pasemos frío.

Primero: Tomarnos de la mano siempre que andemos en la calle, eso demuestra que nos agrada estar cerca y en contacto. Si haz dejado de hacerlo prueba hacerlo desde hoy, el contacto de las manos nos habla de calor y unidad.

Segundo: Abraza a tu pareja cada vez que desees, un abrazo dice mucho, ese calor que transmite un abrazo habla de protección y es una dulce sensación. Abraza, abraza, abraza.

Tercero: Mírale siempre a los ojos cuando hables con tu pareja, cuando mantenemos contacto visual la comunicación se hace más fluida y más clara. Además habla de sinceridad y confianza.

Cuarto: Muchos besitos no están de más, besa a tu pareja en todo momento, no dejen de hacerlo, bésala en la mañana, en la tarde y en la noche, conviértelo en un hábito, como lavarse los dientes por ejemplo. No se trata sólo de besos eróticos, sino también de besos tiernos, en las mejillas, la frente, las manos, los ojos, etc.

Quinto: Sorpréndele con notas amorosas, detalles, flores, salidas inesperadas, cenas románticas, apoyándole tanto en momentos difíciles como en momentos felices. En la derrota como en la victoria, este tipo de acciones le hace saber a nuestra pareja que estamos allí en todo momento y que cuenta con nosotros siempre. Le demuestra que nos importa y que la amamos.

Un gesto de amor dice más que mil palabras que se lleva el viento, claro que no está de más decir: te amo, me importas.




Publicado por Heidi en "Dentro de Mi" (Mayo 2008)

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LA SOBERBIA SUTIL EN EL MATRIMONIO


Muchos matrimonios viven hoy en día una actitud de soberbia disfrazada y justificada en su relación
La soberbia es una actitud orgullosa y egoísta que es mucho más peligrosa y letal cuando actúa solapadamente encubierta detrás de una máscara de religiosidad o de razonamientos “justificados”

Esa soberbia es la que nos hace creer que tenemos la razón y que nuestro cónyuge es el que está fallando y merece el castigo de Dios. La soberbia te hace creer que tienes la razón, pero se contradice con tu actitud irrespetuosa e intolerante con las debilidades de tu cónyuge.

Si tu cónyuge está fallando realmente en alguna área de su vida, tu misión no es criticarle, juzgarle y condenarle, sino más bien servirle y apoyarle a vencer esa debilidad. Esto es lo más difícil hacer, pero es lo que Dios nuestro Padre celestial espera de nosotros sus hijos.

Una de las misiones más importantes en el matrimonio, es que cada uno debe encargarse de levantar la autoestima de su cónyuge, animarle, apoyarle, servirle incondicionalmente. Solo de esa manera podemos esperar una reacción positiva de él (ella) para acercarse a Dios y decidir cambiar los hábitos negativos.
No importa quién tiene la razón, si la quiere imponer con soberbia, de nada nos sirve, porque entonces destruimos a la misma vez el propósito de la razón que es siempre edificarnos unos a los otros y apoyarnos en nuestras debilidades los unos a los otros. Eso es lo más espiritual que podemos hacer. Eso es verdaderamente madurez espiritual. Si verdaderamente amas a Dios, tienes que estar dispuesto(a) a hacer su voluntad incondicionalmente y si tienes verdadera FE en EL, tienes que creer que todo tu esfuerzo y sacrificio va a dar fruto abundante en tu esposo(a), tu familia y el Ministerio que Dios les llame a servir.

Josué 1:8-9: Que no se aparte de tu boca este libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.9 Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.»

Abandona tus pensamientos negativos y empieza a pensar en la gracia del Señor que te da nuevas fuerzas cada mañana y te levanta como las águilas para que puedas ser obediente a su palabra. Tus pensamientos son los que definen tus sentimientos; entonces si quieres sentirte bien, medita en la palabra de Dios y en sus promesas de restauración y de vida y aprópialas para tu matrimonio y tu familia. Después que tu matrimonio este saludable, entonces podrás seguir el llamado de Dios y servirle a EL.

Si eres capaz de reconocer que hay soberbia en ti, toma la decisión hoy mismo de pedirle perdón a Dios primero y a tu cónyuge después. Si no lo puedes hacer entonces tu soberbia y tu orgullo es aún muy fuerte en ti y necesitas ayuda espiritual para lograrlo. Búscala hoy mismo!

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

Adaptado de L.H. Fernandez

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ENAMORA A TU CONYUGE

¡Ay! ¿Por qué un artículo acerca del enamoramiento cuando queremos saber cómo conducir a la familia en lo espiritual? ¿Qué tiene que ver esto con criar hijos en la fe?
Todo. Para guiar espiritualmente a una familia, el esposo y la esposa deben formar un equipo íntimo. ¿Cuánto trabajo valioso de equipo puede haber si la relación entre mamá y papá es aburrida, tensa o fría?

El amor implica la mezcla apasionada de dos almas: un par de almas y espíritus gemelos que disfrutan de estar el uno con el otro. Es cierto que el enamoramiento debería fluir de una relación en la que el esposo y la esposa crecen juntos de forma espiritual, pero también creemos que el crecimiento espiritual tiene mejores posibilidades en un matrimonio en el que cada uno disfruta del otro. Un corazón que tiene el calor del amor y la devoción de su cónyuge, está más dispuesto a recibir el amor y la instrucción de Cristo.

Aunque no cabe duda de que el enamoramiento debería incluir música, flores y veladas mágicas, cuando decimos “enamora a tu cónyuge” en realidad nos referimos a nutrir la relación a diario, la chispa, la conversación y la pasión. Esto no quiere decir que en cada momento de todos los días sintamos que nos consume un fuego emocional abrasador, pero tampoco debe mojarse la madera ni apagarse la fogata.

Nos encanta lo que dice Alan Loy MacGinnis:
– Para ser un artista en enamorar no se necesita tanto una naturaleza sentimental ni emocional, sino reflexiva. Cuando pensamos en las cosas románticas, pensamos en acontecimientos que ocurrieron porque alguien se decidió a amar. Un hombre […] le trae a su esposa una sencilla rosa al terminar el día; una muchacha le hace, al amor de su vida, un pastel de limón con el grado de acidez exacto, tal como a él le gusta […]. Estas no son sensiblerías, son esas cosas que provienen de la resolución y de la determinación.

Aquí tenemos dos palabras clave: resolución y determinación. El enamoramiento es como cualquier otra cosa que sea digna de poseer: se encuentra en la dimensión de la dulzura y de la perseverancia.
Los desafiamos a que ambos consideren las siguientes ideas para tener un matrimonio más romántico.

Estudia a tu cónyuge
En las próximas semanas y meses, determina las tres necesidades primordiales de tu cónyuge; luego haz todo lo posible para satisfacerlas. ¿Sabes lo que desanima a tu cónyuge? ¿Sabes qué lo haría florecer? ¿Se trata de una necesidad emocional? ¿Necesita conversar? ¿Necesita romance? ¿O necesita que hagas algo en la casa? ¿Hay algún asunto que debas perdonar? Tal vez se trate de algo rutinario como sacar las malezas del jardín, ayudar a acostar al bebé o limpiar la cocina luego de la cena.

Lo que hemos hecho a lo largo de los años es confeccionar una lista de las acciones que en verdad le agradan al otro. Muchas veces estamos tan dedicados a detectar las cosas que tienden a inmiscuirse en la vida del cónyuge, que el matrimonio comienza a parecerse a una institución que tiene como fin reformar al compañero o compañera.
Desde el punto de vista espiritual, es probable que descubras que a tu cónyuge le interesa más crecer junto a ti en una relación íntima con Dios, si a ti te interesa crecer en la intimidad con él. Al hacer una lista de las cosas que comunican amor, enamoramiento y afecto por tu cónyuge, le estás diciendo: “Pienso en ti. Me gustas. ¡Deseo ser el único compañero de tu alma!”

Invita a salir a tu cónyuge
Dale una oportunidad al romance. Una de las razones por las que desaparece el fuego de la relación matrimonial, es que estamos demasiado ocupados y preocupados con las presiones de los viajes en auto, las del trabajo, las necesidades de los hijos y los desafíos financieros. Muchos están exhaustos debido a las demandas de la vida. En términos prácticos, queda poco espacio para cultivar nuestra relación matrimonial y, por lo tanto, no se le da una oportunidad al enamoramiento.
Una solución es establecer una noche para salir como pareja.

Durante quince años, el domingo por la noche ha sido nuestra noche para salir. Es más, si aun no nos hemos ido de la casa a las seis de la tarde, nuestros hijos comienzan a preguntar si no vamos a salir. Saben que la relación entre nosotros es una prioridad.
Les advertimos algo: a veces, en nuestras citas no bulle el enamoramiento. Algunas veces nuestros mejores esfuerzos por encender la chispa del enamoramiento son fútiles, pero si perseveramos, tendremos éxito.
A lo largo de los años, nuestra noche de salida nos ha dado la oportunidad de volver a conectarnos de manera emocional, espiritual, y a promover la relación mutua. Y luego de pasar esa velada juntos, los dos sabemos cómo orar por el otro.

Algunas otras ideas
Para devolverle las burbujas a su enamoramiento te sugerimos:
Corteja a tu esposo. Si tienes dudas en cuanto a esta necesidad, analiza lo que Dios revela en Cantares. Salomón y su esposa sabían cómo despertar las pasiones del amor que se tenían el uno al otro mediante un cortejo creativo.
Escríbele a tu esposo una carta de amor a la antigua. No pienses en la carta que a ti te gustaría recibir, sino en la que le gustaría a él.
Llévale una rosa a tu esposa. Entrégale la flor, tómala en tus brazos, acaríciala con suavidad la cara, mírala a los ojos y dile:
– Quiero que sepas que casarme contigo fue lo mejor que pude haber hecho, mi amor. Volvería a hacerlo de nuevo.
Busca dentro de tí y seguro encontrarás ideas creativas.
¡No renuncies al romance en tu matrimonio! Cuanto más cálida sea tu relación, mejor marcharán como equipo en la tarea de guiar a la familia en el aspecto espiritual.



Revista Ellas, Diciembre/08

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SIETE ERRORES QUE MINAN EL MATRIMONIO




Jamás imaginó que pudiera ocurrir. Estaba sorprendida. Un súbito mareo estuvo a punto de llevarle a perder el equilibrio. El mundo alrededor daba vueltas, como si se tratara de un carrusel.
--Su esposo no está peleando porque le dejen el apartamento y el auto; sólo quiere el divorcio—
--No puede ser cierto—dijo Lorena mirando al abogado, sin dar crédito a lo que escuchaba--: Esto tiene que ser una equivocación…--musitó, todavía presa del desconcierto.
--Sí, si puede ser- Aquí están los documentos--, explicó el jurista extendiéndole los oficios.
En cuestión de segundos recordó cuando se conocieron. Fue un domingo en la tarde, en el Parque de las Banderas. "Algo coincidencia—explicaría Ricardo mucho después--: Solía ir al caer la tarde, por la brisa. Era delicioso. Nos vimos en el dispensador de refrescos. Le cedí el turno y ella quedó impactada por lo que decía, era mi gentileza".
Lo demás se produjo por inercia, como las aguas intempestuosas de una catarata. Compartieron sus números de teléfono celular. Prometieron llamarse, y lo hicieron. Demasiado simple para ser el comienzo de una historia de amor; pero así fue.
Lorena jamás olvidaría el día que le pidió que se casaran. Estaban junto a una fuente de agua. Arrojó una moneda, cerró los ojos y luego, con una sonrisa, dijo: "Estoy seguro que el deseo que acabo de pedir, se cumplirá".
--¿Cuál es, dímelo?—inquirió ella, dominada por la curiosidad.
--Después, deja la ansiedad—dijo Ricardo con una sonrisa pícara.
--No, no, dímelo ahora, por favor…--insistió Lorena tierna que siempre lo enterneció.
--Está bien, está bien... ¿Quieres casarte conmigo?--, y se quedó mirándola fijamente, expectante por su respuesta.
--Claro que sí, Ricardo. Sabes que te amo muchísimo...--
Fue el comienzo de una relación matrimonial que duró tres años, dos meses y catorce días. Ahora se había roto. Frente al abogado, en una fría oficina del edificio más alto de la ciudad, Lorena sólo se atrevió a preguntar: "¿En qué momento nuestro matrimonio se convirtió en un infierno?", se repetía.
Las crisis matrimoniales no son repentinas
Contrario a lo que muchos se inclinan a pensar, las crisis y eventual ruptura en el matrimonio no se produce en un abrir y cerrar de ojos. Obedece aun proceso que integra una sumatoria de errores—muchos de los cuales pueden advertirse con el paso del tiempo—que conducen a la postre al rompimiento.
¿Es posible evitar la debacle?, se preguntará, sin duda; y la respuesta es un categórico sí. Si se puede hacer algo antes que el matrimonio se encamine al abismo, llegando a ese límite irreversible en el que, a menos que intervenga Dios, nada se puede hacer.
Comparto con usted siete errores comunes que ponen en peligro la relación de pareja. Si los tenemos en cuenta y con la ayuda del Señor Jesucristo, nos aprestamos a aplicar los correctivos necesarios, sin duda nos evitaremos muchos dolores de cabeza y consecuencias traumáticas en la vida sentimental:
1. Ocultarle al cónyuge los problemas
Cuando Dios creó al hombre y la mujer, dispuso que fueran uno solo: "Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su cónyuge para formar un solo cuerpo" (Génesis 2:24; 1 Corintios 6:16 b; Efesios 5:31.)
Cuando se vive en pareja, no está bien que ocultemos las dificultades que enfrentamos o incluso, los sentimientos encontrados o disgusto que sentimos por el cónyuge. Guardarnos lo que experimentamos en el corazón no contribuye a edificar sino que socava la relación. Cuando no podemos resolver conflictos, es imperativo que vamos a Dios en oración, poniendo en práctica la recomendación del apóstol Pedro: "Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes" (1 Pedro 5.7.)
Contarnos cómo nos sentimos, expresar sin ambages lo que nos aqueja o preocupa, es clave en el matrimonio.
2. No compartir actividades juntos
Resulta sorprendente que en el período de noviazgo nos damos a la tarea de descubrir cuáles son los pasatiempos, aficiones y gustos de la otra persona para complacerle; sin embargo, cuando no compartimos la vida juntos, abrimos las puertas al distanciamiento.
Cada uno define su propia agenda de ocupaciones y deja de lado lo que otrora fuera motivo de unidad: caminar juntos de la mano, sin rumbo fijo; ver una buena película o programa en la televisión; escuchar música o compartir una buena comida. Pareciera que en el presente nada tiene sentido.
La excusa más frecuente es: "Otro día encontraremos tiempo para eso." Y generalmente ese día nunca llega.
La rutina no debe afincarse en nuestra relación. Es aquí donde viene a mi memoria aquél pasaje bíblico: "Dios ha visto lo que han hecho todos ustedes: Cuando eran jóvenes, se casaron y comprometieron a ser fieles a su esposa. Pero no han cumplido en su compromiso. Nuestro Dios nos creó para que fuéramos un solo cuerpo y un solo espíritu…" (Malaquías 2:14, 15.). Dios no nos concibió para vivir solos. Al unirnos a otra persona, reviste mucha importancia el que compartamos tiempo juntos.
3. Predisponernos contra el cónyuge
¿Ha llegado a pensar que un error que cometió su cónyuge fue deliberado?¿Quizá algo que hizo o dijo, considera que tenía el propósito de provocarle u ofenderle? Posiblemente se haya predispuesto con su pareja, y esa actitud es altamente perjudicial en la relación porque le atribuye al otro errores premeditados para causarle daño. Desencadena heridas y distanciamiento.
Hay Una recomendación de Dios para su pueblo que no podemos olvidar jamás: "Ustedes deben tratar a los demás con justicia, amor y compasión" (Zacarías 7:9,).
El Señor Jesús por su parte enseñó: "No se conviertan en jueces de los demás, y Dios no los juzgará a ustedes. No sean duros con los demás, y Dios no será duro con ustedes. Perdonen a los demás y Dios los perdonará a ustedes" (Lucas 6:37, Traducción en Lenguaje Actual)
Resulta curioso que interpretamos como ataque lo que nos dicen o hacen los demás y que en muchos casos no tienen ese propósito. Al guardar prejuicios contra el cónyuge, concebimos en la mente hechos que jamás tuvieron esa motivación. La recomendación entonces, es que piense cuidadosamente antes de actuar.
4. Dejar de lado la ternura
¿Recuerda la primera vez que tomó a su hoy cónyuge de la mano? ¿O quizá el primer beso? Sin lugar a duda fueron momentos inolvidables. Creo que para todos lo han sido. Pero igual, pareciera que terminamos olvidándolos. Es lamentable pero real.
Si hay algo que jamás debemos llevar al baúl del pasado es la ternura, las demostraciones de amor, afecto y cariño, jamás deben morir.
Hay una recomendación a los cristianos del primer siglo que cobra especial vigencia en nuestro tiempo: "En cuanto a ustedes los esposos, sean comprensivos con sus esposas. Reconozcan que ellas no tienen la fuerza de ustedes, pero también a ellas Dios les ha prometido la vida eterna. Si ustedes lo hacen así, Dios escuchará sus oraciones" (1 Pedro 3:7, ).
Es una recomendación, también, para las esposas, aunque por su misma naturaleza la mujer tiene mayor tendencia a la ternura. ¡Jamás imaginará lo que produce una caricia en su pareja! No pierda la inclinación a expresar el amor.
5. Guardar el enojo, odio o resentimiento
Una mezcla destructiva en el ser humano es dar cabida al enojo, el odio y el resentimiento. Cuando trasladamos estos sentimientos encontrados a nuestra pareja, nos causamos daño y también a él o a ella.
El Señor Jesús es claro al recomendarnos: "Pero ahora yo les aseguro que cualquiera que se enoje con otro tendrá que ir a juicio. Cualquiera que insulte a otro será llevado a los tribunales. Y el que maldiga a otro, será echado en el fuego del infierno" (Mateo 6:21, 22. ).
Hay además un principio de vida sobre el que debemos tener especial cuidado: "Si se enojan, no permitan que eso les haga pecado. El enojo no debe durarles todo el día, no deben darle al diablo oportunidad de tentarlos."(Efesios 4:25,), y un poco más adelante leemos: "Dejen de estar tristes y enojados. No griten ni insulten a los demás. Dejen de hacer el mal. Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo" (Efesios 6:31, 32,).
Quien se causa daño al odiar y guardar sentimientos encontrados contra alguien, es aquél que abre su corazón para anidar esa manifestación de mal en su ser. Y muchísimo más perjudicial, cuando el blanco del odio y resentimiento es el propio cónyuge.
6. Falta de comunicación
El diálogo es fundamental en el proceso de interactuar con los demás, y de especial significación, al interior de la pareja. No obstante, es necesario que midamos cada palabra. El rey Salomón escribió: "Cada uno recibe lo que merecen sus palabras y sus hechos" (Proverbios 12:14, y también anota: "El que habla sin pensar hiere como un cuchillo, pero el que habla sabiamente sabe sanar la herida." (Proverbios 12:18,).
Cuando nos comunicamos con nuestro cónyuge, edificamos o afectamos negativamente su vida. El qué y el cómo lo hacemos, es responsabilidad de cada quien; por ese motivo, debemos ser muy cuidadosos. Andar con pies de plomo al hablar. Una invitación importante es a que revise los niveles de comunicación que mantiene con su esposa o esposo. Si considera que interactúan poco, es hora de que—con ayuda de Dios—comience a aplicar los correctivos necesarios.
7. Recurrir a las ironías y las indirectas
Con frecuencia y con el propósito de expresar su molestia, algunos de los cónyuges recurren a las indirectas y a los mensajes cargados de ironía. ¡Tremendo error! Obrar así no hace más que avivar las diferencias y abrir una enorme brecha que impide el entendimiento.
Abordar este aspecto es de suma trascendencia en la relación de pareja. El rey Salomón nos instruyó: "Cuando los sabios hablan, comparten sus conocimientos; cuando los tontos hablan, solo dicen tonterías" Proverbios 15:2,). También podemos leer en las Escrituras que Quien piensa bien las cosas se fija en lo que dice; quien se fija en lo que dice convence mejor. Las palabras amables son como la miel: endulzan la vida y sanan el cuerpo"(Proverbios 16:23, 24, Traducción en Lenguaje Actual)
Cuídese para que no caiga en la ironía al hablar. Hiere susceptibilidades y levanta enormes barreras en las relaciones interpersonales. Es doloroso para su cónyuge. Exprese lo que siente, pero midiendo cuidosamente lo que dice y lo que hace.
Unas recomendaciones finales
La solidez en el matrimonio se construye día a día. Con ayuda del Señor Jesucristo se afianza y nos permite sobreponernos a cualquier situación adversa. "Cuando vino una inundación, la corriente de agua pegó muy fuerte contra la casa, pero la casa no se movió, porque estaba bien construida" (Lucas 6:48 b.).
En el camino de cimentar una buena relación matrimonial es importante tener en cuenta:
a. Guardar respeto por el cónyuge. Cuando cruzamos esa frontera, la relación comienza a resquebrajarse.
b. Si hay una discusión, no rete a su pareja; si lo hace, puede desatar un episodio de agresión física o verbal.
c. No almacene en su corazón la inconformidad o disgusto que siente. En cualquier momento puede estallar y terminará hiriendo a su cónyuge.
d. No culpe a su esposo o esposa de lo malo que le ocurre. Lo aconsejable es que no descargue en él o en ella su frustración o molestia.
e. Asuma en su vida tres principios valiosos, aplicables por supuesto a la relación de pareja: comprensión, flexibilidad y tolerancia. Son esenciales en el proceso de construir una relación sólida.
Si atraviesa un período de crisis en su relación matrimonial, revise con cuidado la situación; evalúe en qué pudo fallar y dispóngase, con ayuda de Dios, a aplicar correctivos. Recuerde que si queremos un matrimonio de éxito, es necesario que le demos el primer lugar al Señor Jesucristo. Él es quien nos conduce a la victoria. Por eso es aconsejable que si no lo ha hecho, reciba hoy a Jesús en su corazón como único y suficiente Salvador.

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"EL ESPOSO PUEDE BESAR AL ESPOSO"


¿Todo lo legal es intrínsecamente bueno?

Con media sanción al proyecto de ley para modificar el Código Civil a fin de que la unión entre homosexuales sea equiparable a un matrimonio heterosexual, se profundiza el debate y también la polémica.

Lo conocido, es decir la familia nuclear con un progenitor de cada sexo, se transforma. En realidad, todo se trasforma. Una decisión de este tipo tiene múltiples connotaciones. Por ejemplo, cuando en el colegio un niño o niña confeccione un trabajo manual o una tarjeta para el día de la madre o del padre, si ambos son del mismo sexo, ¿eso implicará una discriminación? ¿Dejaremos de celebrar esas festividades para expresar empatía con una minoría? Una minoría que ha adquirido poder al relacionarse en ámbitos en los cuales se dirimen las cuestiones trascendentes y, por ello, se transforma en epicentro de discusiones.

Los interrogantes que debemos hacernos y deberemos responder: ¿Todo lo legal es bueno? ¿Lo legal es siempre justo? ¿Las leyes expresan el bien para la mayoría?

Definitivamente debemos contestar con un rotundo no. Ejemplos nos sobran: en la provincia de Santa Fe, se declaró que la prostitución callejera no se considerará delito. Pero esa medida, aunque transforma este comportamiento en legal, de ninguna forma puede verse como moralmente aceptable o socialmente enseñable. Sin embargo, ahora es legal.

En la época del proceso militar, el arresto, la tortura y la muerte de miles de argentinos, constituyó un delito de lesa humanidad amparado por las leyes del momento y las posteriores como la ley de la obediencia debida y otras similares. Lo legal no fue justo, bajo ningún punto de vista.

Muchos impuestos son abusivos y extorsivos. Son legales pero no son justos. Mucha ayuda social no responde a principios de equidad, sino a clientelismo político. En ambos casos son legales, pero no ecuánimes.

Con el tema de la homosexualidad asistimos a un caso similar. La legalidad nos obliga a aceptar algo que no es moralmente aceptable ni éticamente correcto. El problema no son los derechos de la mayoría, sino la presión que se ejerce para que todo el que no opine del mismo modo sea execrado, tildado de homófobo, retrógrado, ignorante o pacato.

Se postula la adopción en parejas homosexuales y la fertilización asistida en parejas lesbianas. Sin embargo, no existen estudios retrospectivos a gran escala de niños criados en ambientes con progenitores homosexuales. ¿Por qué tanta necesidad de atender a este reclamo cuando los derechos de los niños y niñas son tan vulnerados de miles de maneras? No hay voluntad política para tratar temas que no llamen la atención de la prensa. Es que quizás buscan trascender en los medios, y si es posible en la historia, más que edificar una nación basada en el bien de la mayoría. No se crean leyes que incentiven la producción, la manufactura ni la exportación, sino que se genera una dependencia alienante con los “planes”. No se vislumbra voluntad política para asistir a los indígenas, entre otros numerosos grupos que mueren ante la mirada fría de quienes nos gobiernan. Sin embargo, hay que homologar la unión homosexual como matrimonio para ser una sociedad progresista. ¿El progreso no pasa más bien por la educación, la salud y el crecimiento sostenido en el tiempo en cuanto a valores de producción y mercado?

Mientras la Argentina trata de refinanciar la deuda y puja por las presiones del FMI (otra vez más en la historia), todos asistimos a que los legisladores que deberían representarnos dan más trascendencia a una minoría con poder económico y político que al bien de la mayoría.

Definidamente, que algo sea legal no lo transforma en bueno.

Si estás leyendo este artículo tal vez te veas tentado a pensar que no los queremos y que tendemos a la represión de los homosexuales, no es así. Jamás hemos tratado mal o hemos tenido una mala actitud hacia una persona homosexual. No nos escandaliza ni nos incomoda, pero el respeto no equivale a la aceptación. El disenso es absolutamente normal en cualquier ámbito: hay radicales, peronistas. Hay hinchas de Boca, pero también de River. Hay pobres y ricos; doctores y analfabetos. Todos tienen diferencias capaces de generar enfrentamientos, pero si el respeto está presente, la tolerancia se manifiesta como la capacidad de construir desde distintos lugares.

Al mirar hacia atrás, hacia los últimos años, vemos que adoptar el papel de víctimas de la sociedad represiva les ha servido a esta minoría para que todo aquel que no se “aggiorne” a su verdad, sea perseguido.

Frente al tema de la homosexualidad aquellos que creemos en lo sostenido por la Biblia como una verdad de valor absoluto, nos amparamos en ella para no coincidir con la apreciación positiva de los legisladores hacia el comportamiento homosexual. Exigimos respeto en el disenso y no insultos por no apoyar a una minoría.

Queremos terminar haciendo nuestras las palabras del apóstol Pedro: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios”. Proclamamos la unión sexual de Génesis 2:24 y nos resistimos a ser coaccionados por la fuerza de la ley para decir que está bien lo que no es correcto, simplemente porque sea legal.

Ministerio
Restauración Sexual

www.placeresperfectos.com.ar


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LA SEXUALIDAD EN LAS DISTINTAS ETAPAS DEL MATRIMONIO

No siempre un encuentro íntimo es intenso y apasionado; no siempre es una sensación de emoción explosiva y urgencia incontenible; pero siempre puede ser placentero. «No acepté que mi vida sexual decayera. Pasados los treinta, después de haber experimentado la maternidad dos veces y con un cuerpo que no era el de mis veinte, expliqué a mi marido que mi deseo sexual era más fuerte; él adoptó una actitud más abierta que en el pasado y, desde entonces, nuestro repertorio ha crecido y nuestros encuentros han mejorado. No nos preocupa la frecuencia, ni nos dejamos presionar por lo que la gente piensa. Nos centramos en lo que sentimos, en nuestra relación y el momento, y tan sólo disfrutamos», —confesó Marta.

Los medios de comunicación han reforzado la idea de que el erotismo y el placer son propiedad de los cuerpos jóvenes y hermosos, y así fueron convenciendo a los mayores de que el placer sexual es sólo para lo portadores de físicos privilegiados. El mejor consejo para esta etapa es que no posterguen los tiempos de amor. Sepan priorizar la vida en pareja. Aunque vivimos en una sociedad que rinde culto a la juventud, el tiempo por sí solo no debiera acabar con la intimidad sexual. En las distintas etapas de la vida, cada pareja puede descubrir maneras de disfrutar una sexualidad físicamente satisfactoria y emocionalmente plena. He aquí algunos consejitos para cada etapa conyugal.

Hasta la llegada del primer hijo

No cabe duda de que los encuentros íntimos de una pareja sin hijos son diferentes de aquellos que sí los tienen. Menos estrés, menos exigencias y más tiempo disponible. No hay bebés que lloren, ni niños que reclamen atención. Por lo general, es la mujer la que más se beneficia, por la mayor privacidad, lo cual se traduce en una actitud más resuelta y mayor capacidad para disfrutar; siempre y cuando la pareja no conviva con otros familiares en la misma casa. La presencia de otros adultos interfiere tanto con el deseo como con la expresión sexual de un matrimonio. El mejor consejo para esta etapa es que no posterguen los tiempos de amor. Sepan priorizar la vida en pareja. No corran tanto tras el trabajo, la profesión o el deseo de superación, al punto de perder el regalo de la vida compartida.

Después de la llegada de uno o más niños

La paternidad influye, y mucho, sobre la vida sexual de una pareja. Una de las cosas menos enseñadas es cómo reanudar la sexualidad luego de un parto. Ignorar los cambios que acaecen en ese tiempo vital puede estropear un matrimonio.

El nacimiento de un hijo por vía vaginal conlleva un trauma físico incuestionable. De ahí que existan ciertos recaudos a la hora de reiniciar la intimidad. Durante los primeros veinticinco días, el útero está en un proceso de cicatrización; por ende, se prescribe la interrupción de la sexualidad. La tan mentada cuarentena no se da en todos los casos de igual forma. Algunas circunstancias propias de cada mujer pueden acortar o prolongar este período: infecciones locales, puntos de sutura, etcétera. Pasado ese tiempo —y debe consultarse con el médico tratante— es fundamental seguir algunas pautas:

El reinicio de la actividad sexual post-parto es equiparable a la primera relación sexual de la vida de una mujer. ¿Qué significa? Que el esposo debe proceder con mucha ternura y suavidad. Suele ser necesario un lubricante íntimo para evitar el dolor. Las primeras relaciones deben ser de corta duración, en posiciones cómodas y con extremada delicadeza. Recuperar la confianza en una intimidad compartida es un desafío que hará crecer el amor si la expresión física se conduce correctamente.

Se deben tomar precauciones si se desea evitar un embarazo prematuro. Resulta conveniente que el tiempo que media entre un embarazo y otro sea de, al menos, dos años. De ahí que, si no se desea un embarazo inmediato, se recurra a algún método de planificación familiar propio para el puerperio. Existe un dato que muchas parejas ignoran: puede haber ovulación errática durante la lactancia; es decir, existe la posibilidad de que una mujer ovule sin que haya presentado menstruación previa. Para evitarse esta eventualidad, se deben tomar anticonceptivos especialmente diseñados para el tiempo de lactancia, y lo más pronto posible después del parto.

Por último, celebren el milagro de la vida que implica el nacimiento de un bebé no como el fin supremo del matrimonio, sino como la oportunidad de crecer juntos Recuperar la confianza en una intimidad compartida es un desafío que hará crecer el amor si la expresión física se conduce correctamente. Durante la tercera edad

La actividad sexual después de los sesentas puede resultar más excitante que en cualquier otra etapa.

La pareja ha alcanzado, por lo general, cierto grado de seguridad en los distintos aspectos de la vida y una cierta madurez emocional. Como confesó una psicóloga, esposa y mujer mayor: «ahora sé cómo disfrutar sin temor a quedar embarazada, y él ya no se precipita tanto. Dedicamos más tiempo a las caricias, sin preocuparnos tanto por la meta». En esta etapa, la innovación puede agitar las aguas de la monotonía y traer nuevos aires sobre la relación de pareja: «nuestra vida en común se volvió muy rutinaria» —recuerda una mujer, madre de dos hijos. «Ahora, nuestro objetivo es crear nuevos espacios para el encuentro romántico. Durante un tiempo, mi esposo y yo hicimos el amor en todas las habitaciones de la casa, salvo el dormitorio y fue muy divertido».

En definitiva, el pasado compartido, junto a un erotismo más maduro, son factores positivos que se combinan para convertir a muchos matrimonios sexagenarios en el mejor dueto de amantes, románticos y sensuales.

A esta edad, por fin, muchas parejas se encuentran de verdad.

Por José y Silvia Cinalli

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Diferencias entre Hombres y Mujeres (con humor)

Afortunadamente, Dios nos ha creado diferentes. Con mucho humor estos videos nos muestran algunas de ellas. Para reirse un rato y viva la diferencia!

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EL VERDADERO AMOR

Nuestra sociedad al referirse a la intimidad sexual, lo hace en los términos de hacer el amor. Pero tener sexo, ¿puede definirse siempre como hacer el amor?
La Biblia en 1º Corintios 13 define al amor como la motivación máxima en lo que hacemos. A la luz de esta definición analicemos algunas situaciones hipotéticas pero comunes:



  • Si dos adolescentes o personas jóvenes tienen un romance, ella resulta embara-
    zada y él la abandona, ¿hicieron el amor? No, porque el amor permanece.

  • Si dos personas se apasionan y tienen un fugaz encuentro sexual siendo amigos,
    compañeros de trabajo o amantes furtivos, ¿hicieron el amor? No, porque el
    amor no hace nada indebido.
    Si no existe un compromiso, un pacto de a dos,
    eso que se entrega es el cuerpo y el deseo, pero no la vida ni el futuro;
    en definitiva, no se entrega la verdadera intimidad de la persona, que es lo
    que eleva al sexo a la definición de hacer el amor.

  • Si una persona casada se enreda con otra que no sea su pareja y tiene sexo
    ¿hicieron el amor? No, porque el verdadero amor no se alegra en la mentira,
    se alegra con la verdad.


  • Si dos novios deciden no casarse pero sí compartir la cama,¿hicieron el amor?
    No, porque quien quiere obtener un beneficio sin pagar el precio es un ladrón.
    ¿Cómo se definiría a quien quiere ver satisfecha su necesidad de intimar sin
    que le cueste demasiado? El verdadero amor no busca su propio interés.

  • Si un matrimonio tiene problemas en la sexualidad y no les interesa solucio-
    narlos, ¿hacen el amor? No, porque el amor nos inspira a buscar el supremo
    bien.
    Quien se niega a trabajar en su relación de pareja boicotea el amor.

  • Si un cónyuge ansía poseer, dominar o satisfacer su propio deseo sin entre-
    garse a un placer compartido, ¿hace el amor? No, porque el amor no se compor-
    ta con rudeza.
    Si hacer el amor es un ahora, aquí y como sea, y no puede ex-
    tenderse en un para toda la vida y en un para bien de la otra vida, entonces
    es una caricatura grotesca del verdadero amor.

Cuentan que hace mucho tiempo vivía en la zona campesina de China una pareja de esposos muy ancianos y en extrema pobreza. No habían tenido hijos y vivian solo de la caridad de la gente. Cada mañana, el viejito salía hasta el mercado con la esperanza de conseguir alguna cosa para comer en la noche junto a su amada esposa. Su único tesoro consistía en una vieja pipa de madera que colgaba en su boca cada noche, aunque hacía mucho tiempo que no tenía dinero suficiente para comprar un puñado de tabaco.
Ella se sentaba a media mañana a la entrada de la choza y peinaba con sus dedos, una y otra vez, sus largas trenzas. Sus blancos cabellos no conocían el peine, pues el último se había roto hacía mucho tiempo y nunca pudo comprar otro.
Al ponerse el sol, llegaba él con algún paquetito de fruta que alguien le había regalado y juntos despedían ese día.
Llegó la fecha de aniversario de bodas. Él salió temprano como cada mañana, pensando qué cosa podría regalarle a su amada. Por su parte, ella, sentada a la puerta de la casita pensaba cómo celebrar de la mejor manera. Al final del día, cuando se reencontraron, el viejito le pidió que cerrara los ojos, la besó en la frente y le colocó en sus manos un regalito que le había traído. Ella, por su parte, sacó de entre sus viejas ropas otro pequeño obsequio que con ternura puso entre sus manos. Ambos viejitos con alegría abrieron sus regalos al mismo tiempo para encontrar una verdadera sorpresa. Ella había vendido sus trenzas, su máximo tesoro, para comprar el tabaco que él añoraba. El viejito había vendido su vieja pipa y le había comprado un par de peines para que ella pudiera peinar sus hermosas trenzas.
El verdadero amor piensa más en la otra persona que en las necesidades propias. El verdadero amor da y se entrega sin esperar nada a cambio. "El que es bondadoso se beneficia a sí mismo; el que es cruel, a sí mismo se perjudica" Proverbios 11:17. Al fin de cuentas, cuando uno hace bien, se siente bien. Por eso, "haga todo el bien que pueda, a todas las personas que pueda, de todas las maneras que pueda, por todo el tiempo que pueda".(Juan Wesley)

José Luis y Silvia Cinalli.

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MAS COMUN DE LO QUE USTED CREE...


Camila usaba uno de sus camisones preferidos, entró a su habitación despacio, tocando suavemente el hombro de su esposo le dijo: "hasta mañana amor". Joaquín tiene la intención de acariciarla pero ella solo le da un beso frío. Con una incomoda sensación en la boca del estómago, Camila se acomoda lejos de Joaquín, mientras finge cansancio y dolor de espalda. Aunque hace varias semanas que no han tenido relaciones sexuales, Camila rechaza los avances de Joaquín.
Pero no siempre fue de esta manera...

Camila y Joaquín se casaron cuando apenas tenían 20 años conformando un sólido matrimonio y al principio tenían una maravillosa y abundante vida sexual. Sin embargo, ella de a poco empezó a sentir desinterés y solo quería sexo con su esposo en contadas ocasiones. Ella comenzó a recordar constantemente, la época en que un pariente cercano la había molestado sexualmente cuando era niña. Se empeñaba por bloquear esas imágenes pero se repetían una y otra vez. Aunque el recuerdo del abuso era algo que ella trataba de esconder, parecía que el matrimonio había empujado los recuerdos a la superficie.

Camila clamó a Dios en medio de la situación que experimentaba y con la dirección del Espíritu Santo comenzó a tomar las medidas necesarias para alcanzar restauración. Entendió que el Señor deseaba sanar su intimidad con Joaquín. Y Dios trajo libertad!! Libertad para perdonar, soltar y disfrutar la sexualidad de la manera en que Dios la planeó.

- Los abusos sexuales en la niñez, dejan una herida en la mente y el corazón de una mujer haciéndola incapaz de entregarse completamente a su esposo. Ella se puede sentir violada por él cada vez que hacen el amor; aunque su mente sepa que él tiene derecho a tener intimidad, su corazón le dice que la están violando. Ella puede incluso pensar ¿Porqué quiere hacer eso conmigo? ¿No sabe lo que eso me hace sentir?
El abuso en la niñez o juventud puede controlar el área sexual de una mujer para el resto de su vida. La mujer abusada entiende mal a menudo el diseño de Dios para la intimidad sexual, y consiente la unidad física en su matrimonio solo como "un deber" o simplemente para mantener la paz en su hogar. Ella no puede disfrutar la belleza única y las emociones físicas de la intimidad ya que la siente fea y como ocasión de aprovechamiento.
Si lo que acabo de describir es semejante a la herida que usted tiene en su corazón por haber sufrido abuso quiero que sepa que hay sanidad. Jesucristo quiere darle una profunda y verdadera sanidad-

Como cualquier trabajo de Dios en nuestras vidas, hacemos casi siempre una parte del proceso. En el caso de Camila ella dio los siguientes pasos para lograr su sanidad completa.

Paso uno: Ore mucho
El proceso de restauración de Camila comenzó con mucha oración. Ella clamó a Dios, pidiendo que el sane su vida sexual. Hay muchas acciones positivas que una mujer puede hacer para ayudar a sanar el dolor del abuso en la niñez, pero solo Dios puede producir la restauración completa y duradera de la sexualidad de una mujer.
Isaías 42:3 nos habla de como Dios trata con los corazones que han sido quebrados o rotos por situaciones injustas: No acabará de romper la caña quebrada, ni apagará la mecha que apenas arde. Con fidelidad hará justicia.(NVI). Una de las maneras en que Dios quita la opresión es sanando. Él trae libertad y sanidad a quienes pidan de ella. Él es bueno... Él es fiel... ¡Y su misericordia nunca falla!

Paso dos: Elija el perdón
Camila reconoció que ella debía perdonar al miembro de la familia que la había devastado con sus acciones en su niñez. Esta decisión fue muy importante en su búsqueda de sanidad, y fue lo que abrió la puerta para la restauración de su intimidad.
El perdón es fundamental para recibir la cura del dolor de los abusos sexuales. Es más que una buena decisión, es realmente la entrada a la libertad.
Dios sabe que el pecado nos destruye. No solo el pecado cometido contra nosotros, sino nuestra reacción pecadora a lo que nos ha sucedido. El enojo sin resolver a menudo nos lleva a la depresión, la autocompasión, la amargura y el resentimiento y estas cosas envenenan nuestro cuerpo y nuestra alma. Una persona encuentra sanidad con el proceso del perdón, recibiendo perdón y perdonando. Por eso Dios es tan insistente en que perdonemos. El no quiere que el pecado arruine nuestra vida. A veces nos oponemos a perdonar a quienes nos han ofendido porque pensamos que “dejarlo ir” es demasiado fácil para el abusador, sin darnos cuenta que somos nosotros los que estamos prisioneros y que si no perdonamos seguiremos cautivos del dolor. Cuando perdonamos a alguien significa que lo estamos poniendo completamente en las manos de Dios para dejarlo castigar, justificar o perdonar (Romanos 12:17 y 21)

Paso tres: Muévase mas allá de ser la victima
Cuando usted es una victima, hay un tiempo para recibir consuelo y eso es algo muy atractivo. Puede pasar que usted quiera permanecer allí. Ciertamente hay un tiempo y un espacio para ser consolado del dolor del pasado, especialmente el causado por otros, pero debemos tener cuidado ya que las victimas de abusos sexuales en la niñez muchas veces buscan permanecer ahí para evitar hacer frente a los problemas reales.
Un gran obstáculo en la sanidad sexual en el matrimonio es una “mentalidad de victima”. Si una mujer permanece en victima, sigue siendo una niña herida. Ella puede parecer una mujer competente, pero en su interior sigue siendo la niña que fue abusada hace tantos años. Cuando una mujer toma la valiente decisión de dejar el pasado atrás y se toma de la mano de Dios, encuentra sanidad.
Es muy importante en el proceso de sanidad el trato especial del esposo. La mujer abusada a menudo necesita que se la trate especialmente durante algún tiempo. Pero eventualmente, las necesidades del esposo deben entrar en juego. Él necesita una compañera, amante y alguien que este apasionada por el. Él necesita poder gozar libremente de su esposa física y sexualmente sin que ella se sienta culpable.
Con la ayuda de Dios, Camila comenzó a verse fuerte, madura, entera y comenzó a disfrutar de la sexualidad con su esposo. Cuando sentía la tentación de verse nuevamente como herida, indefensa, frágil, tomó la decisión de oponerse a esos pensamientos y moverse más allá de ser victima.
La cura de abusos sexuales es muchas veces un camino intrincado y requiere un plan de acción, un tiempo y un montón de paciencia de ambos cónyuges. Además de los tres pasos mencionados sugerimos:



  • Buscar asesoramiento cristiano calificado.

  • Pedir a amigos de confianza mucha oración durante el viaje curativo.

  • Oren juntos (esposo y esposa) y el uno por el otro siempre y especialmente en el proceso de sanidad.

Paula Friedrichsen


http://www.pfministries.com/



Esta es una historia real, los nombres han sido cambiados.
Traducido por Familias Exitosas.

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10 Reglas de Oro del Matrimonio

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CINCUENTAS MANERAS DE ALIMENTAR EL AMOR




1. Primero ámense cada uno como a sí mismo.
2. Empiecen el día abrazándose.
3. Desayunen en la cama.
4. Díganse te amo cada vez que se separen.
5. Elógiense en forma espontánea y sincera.
6. Reconozcan y festejen sus diferencias.
7. Vivan cada día como si fuera el último.
8. Escríbanse cartas de amor inesperadas.
9. Planten una semilla juntos y cuídenla hasta su madurez.
10. Salgan juntos una vez por semana.
11. Envíe flores sin razón alguna.
12. Acepte y âme a la familia del otro.
13. Escríbanse notas que digan te amo y colóquenlas por toda la casa.
14. Deténganse e inhalen el aroma de las rosas.
15. Bésense sorpresivamente.
16. Disfruten hermosas puestas de sol juntos.
17. Sean sinceros al disculparse.
18. Sean indulgentes.
19. Recuerden el día en que se enamoraron, y reconstrúyanlo.
20. Tómense de las manos.
21. Díganse te amo con los ojos.
22. Permita que ella llore en sus brazos.
23. Exprésele que lo comprende.
24. Brinden por su amor y compromiso.
25. Hagan algo que los anime.
26. Permítale que ella lo dirija cuando esté perdido.
27. Ríanse de sus chistes.
28. Aprecien su belleza interior.
29. Hagan las tareas de la otra persona por un día.
30. Alienten sueños maravillosos.
31. Exprésense muestras de afecto en público.
32. Dense masajes amorosos sin restricciones.
33. Escriban y registren momentos especiales.
34. Tranquilice los temores del otro.
35. Caminen descalzos juntos por la playa.
36. Pídale a ella que se case de nuevo con usted.
37. Responda con un sí.
38. Respétense el uno al otro.
39. Sea el mayor admirador de su pareja.
40. Dé el amor que su pareja desea recibir.
41. Dé el amor que usted desea recibir.
42. Muestre interés en el trabajo del otro.
43. Trabajen juntos en un proyecto.
44. Constrúyanse una fortaleza con mantas.
45. Colúmpiense tan alto como puedan en un columpio a la luz de la luna.
46. Hagan un día de campo dentro de casa en un día lluvioso.
47. Nunca se acuesten enojados.
48. Ponga a su pareja primero en sus oraciones.
49. Dense un beso de buenas noches.
50. Duerman muy juntos.

Mark y Chrissy Donnelly

1 Corintios 13: 4-8
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.

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EL LENGUAJE PRIMORDIAL DEL AMOR


Algo increíble sucede a nuestros corazones cuando oramos por otra persona. La dureza se disipa. Podemos ir más allá del dolor, y perdonar. Incluso terminamos amando a la persona por la que estamos orando. ¡Es milagroso! Sucede porque cuando oramos entramos a la presencia de Dios y Él nos llena con su Espíritu de amor. Cuando oras por tu esposo/a, el amor de Dios crecerá en tu corazón. No solo eso, encontrarás amor creciendo en su corazón para tí, sin él/ella ni siquiera saber que estás orando. Esto se debe a que la oración es el lenguaje primordial del amor. Comunica en maneras que nosotros no podemos.

El hablar a Dios sobre tu esposo/a es un acto de amor. La oración da lugar al amor, el amor genera más oración, que a cambio produce más amor. Aunque tus oraciones no nazcan de motivos desinteresados por completo, se volverán más desinteresadas a medida que continúas orando. Te darás cuenta que eres más amoroso/a en tus respuestas, y que los temas que antes causaban dolor entre ustedes no van a causarlo más. Podrán llegar a un acuerdo mutuo sin discutir. Esta unidad es vital.

Cuando no estamos unidos, todo se desbarata. Jesús dijo " todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no se mantendrá en pié" (Mateo 12:25) La oración trae unidad incluso cuando no están orando juntos. Gran tensión desaparece cuando oras por él/ella. También preguntando ¿cómo puedo orar por tí? trae un aspecto de amor y cuidado en cualquier situación.

El punto en todo esto es que como esposo y esposa no deseamos tomar calles separadas. Anhelamos estar en el mismo camino y ser compatibles, compañeros para toda la vida, y tener un amor que dure hasta el final de nuestras vidas. La oración como el primordial lenguaje del amor, puede hacer que eso suceda.


Adaptado de "El poder de la esposa que ora"

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