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LA INIQUIDAD



“Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de Iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño”.Salmo 32:2




Aunque en muchas ocasiones había leído la palabra Iniquidad en la Biblia, nunca me había preocupado por conocer con mayor detalle el significado de esta palabra.






Fue cuando medité el Salmo 32, que el Espíritu Santo me inquietó por primera vez con esta palabra “Iniquidad”. En ese momento no sabía que quería decir el salmista y me pregunté, ¿me culpará Jehová por iniquidad?.




¿Y cómo saberlo, si ni siquiera sabía qué era iniquidad?. Me preocupe más cuando en otra ocasión leí Ezequiel 28:15-16 que declara: “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.




A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecastes; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.”




El versículo anterior se refiere a la caída del arcángel Luzbel (al que hoy llamamos diablo o satanás). Este arcángel creado por Dios, lleno de belleza y perfección, le dio cabida a un mal pensamiento que lo apartó totalmente de la voluntad de Dios.




En efecto, la palabra Iniquidad, etimológicamente quiere decir: “lo torcido”, de hecho podemos decir que es lo que se tuerce del camino recto y perfecto de Dios. Y fue el arcángel Luzbel que antes estuvo lleno de belleza y perfección quien con su pensamiento torcido dio origen a la maldad.




Bajo este contexto podemos decir que la iniquidad de Luzbel es la raíz del pecado, es la mala semilla que se ha transmitido como estafeta de generación en generación, sin embargo, también es el resultado de los pecados no confesados y la conducta repetitiva de pecado que se arraigan en nosotros y que se hereda a las futuras generaciones.




En otras palabras, la iniquidad es la semilla que el maligno sembró en nosotros más el resultado de los pecados no confesados, los propios y los de nuestros padres (pecados generacionales).



La iniquidad está ligada al mundo espiritual de las tinieblas, pero actúa directamente en el mundo natural, ya que es la puerta abierta a las maldiciones que se transfieren de padres a hijos, a nietos. Es a través de la iniquidad que el maligno nos usa con deseos perversos y pecaminosos.






A esto se le llama concupiscencia.
Santiago 1: 13-15
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado, siendo consumado, da la luz la muerte”.




La fuerza de la iniquidad en nosotros nos seduce a la maldad, la cual si no es desarraigada será el semillero de pecado y maldiciones en nuestra vida que a su vez heredaremos a nuestras generaciones futuras.




Como padres (o madres), debemos de preocuparnos por la herencia espiritual que les damos a nuestros hijos; pero también debemos estar en alerta para cuidar su caminar, impidiendo que con su comportamiento llegue más iniquidad a sus vidas la cual heredará a sus hijos.




La profeta Ana Méndez Ferrell, ejemplifica la Iniquidad como el cordón umbilical (espiritual), a donde se van grabando todos los pecados del hombre y lo que será su herencia a la siguiente generación. Estos a su vez, lo torcerán aún más con sus propios pecados, y lo entregarán como una estafeta de maldición a la subsiguiente generación.




En la Biblia encontramos un ejemplo muy claro de esta mala herencia, con el pecado de los hijos de Elí y a su vez el de él como padre (Elí) que fue incapaz de corregirlos con autoridad firme.



1 Samuel 3:11-14




“Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.




Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.




Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.
Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas”.




La casa de Elí desde su generación ancestral había sido designada por Jehová como sacerdotes, sin embargo a causa de la iniquidad, vino la muerte de Elí y sus hijos, así como la destitución a la generación futura. (leer 1 de Samuel 2:12-36)




La iniquidad de la casa de Elí fue tan grande ante los ojos de Jehová que afectó toda su generación, ya que entre ellos ya no habría más sacerdotes. Asimismo su iniquidad afectó a toda la nación de Israel, pues a causa de que ellos eran sacerdotes impuros, la presencia de Dios se había alejado de su pueblo, impidiéndoles la victoria en sus batallas.




1 Samuel 4:10-11




“Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie.
Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.”



Es entonces, la iniquidad un problema que no debemos tomar a la ligera, pues es la raíz de maldad que heredamos y que tuerce la voluntad de Dios en nuestras vidas, asimismo es el constante obstáculo para recibir a plenitud de las bendiciones de Dios.




Como dice el Salmo 32: 3-4




Mientras callé, se envejecieron mis huesosEn mi gemir todo el día.




Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;Se volvió mi verdor en sequedades de verano.




Por mucho tiempo me pregunté, porqué si la voluntad de Dios es buena y perfecta para con sus hijos, la gran mayoría de los cristianos vivimos como dice el salmista en sequedades de verano? Es contradictorio ver cristianos fieles, piadosos y comprometidos en la obra de Dios, que no



tienen una vida abundante en bendiciones!!!.




La repuesta a mi pregunta me la dio el Espíritu Santo cuando me llevó a meditar el Salmo 32
Síiii, la voluntad de Dios para nuestras vidas es buena y perfecta, sin embargo mientras la iniquidad no sea desarraigada en nosotros, seguiremos siendo cristianos salvos, pero atados al fracaso, sufriendo dolores intensos con enfermedades crónicas, con desiertos interminables, con deudas que nos ahogan, otros con maldiciones como matrimonios que terminan en divorcios, con hijos desobedientes que abandonan la casa paterna a temprana edad y se alejan del buen camino, en fin cuantas maldiciones vivimos el pueblo de Dios, sin darnos cuenta que es producto de la iniquidad no confesada!!!.




Es verdad que la obra redentora de Jesucristo actuando en nuestra vida nos justifica y nos hace dignos de recibir todas las bendiciones de Dios, sin embargo en nosotros existe el conflicto de las dos simientes: la mala semilla sembrada por el maligno heredada de nuestros padres, que sujeta la carne; y la divina que heredamos de Jesús en el momento que lo recibimos como nuestro Salvador, que nos lleva a vivir por el Espíritu.




Estas dos simientes están en continuo conflicto hasta que una de las dos muera. Será la simiente que más alimentemos la que prevalecerá en nosotros.




Escrito está




Romanos 8:13




Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.




¿Has pensado que simiente estás alimentando más?



Por Reyna Garcia

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CELEBRANDO EL DIA DEL PADRE


Mi papá murió hace 7 años; partió amargado y solitario. Se fue de la casa cuando yo tenía solo 14 años, alegando que quería vivir su propia vida. Lo hizo a pesar de que no teníamos qué comer. Fue alcohólico, aunque decía que podía dejar de tomar en cualquier momento. Nunca me abrazó porque según él, los hombres no se demuestran ternura. No jugó conmigo ni con mis hermanos, porque eso es asunto de mamás. No sabía nada de mí, pero cuando yo cometía un error, era implacable conmigo. Decía que trabajaba para su familia, sin embargo en la práctica éramos la última de sus prioridades. Durante años lo resentí. Marqué con ese rencor todas mis ilusiones e hice más frustrantes mis desilusiones.

Un día me casé con una mujer maravillosa y me prometí que no iba a ser como él. Pensaba que ser buen padre era tratar bien a los míos,darles lo mejor que pudiera y estar con ellos cuando me necesitaran.Un día le pregunté a mi esposa por qué mis hijos no me hacían caso a mí, sino a ella. Quería averiguar por qué los niños no disfrutaban estando conmigo. "- ¿Sabes? -me respondió.- Cuando estás con ellos lo haces más porque es tu responsabilidad y no porque sea tu privilegio. Tus hijos van a disfrutar de ti, sólo cuando tú disfrutes de ellos."

Me di cuenta que era tanto mi resentimiento y mi deseo de ser diferente a mi papá, que me estaba pareciendo a él. Mi padre no estaba en la casa por borracho y yo por responsable. Él era lejano porque los niños eran cosa de mujeres y yo por que quería ser estricto y educarlos bien.Entonces comencé a descubrir las maravillas de pasar el tiempo con mis hijos, a jugar con ellos, a integrarme a su vida.

Dejé de intentar que ellos fueran como yo esperaba, y empecé a apreciar más lo que ellos eran. Me permití inspirarme con su alegría y espontaneidad. Caí en cuenta de que yo podía crecer con ellos.Ya no me esforzaba por ser el adulto que lo sabía todo, mas bien me inclinaba a ser más la persona que quiere enseñar, pero que también está dispuesta a aprender. Que no sólo sabe dar, sino que sabe recibir. Esto no ha sido fácil.
Aún me descubro autoritario, lejano, rígido, impulsivo. Entonces recuerdo que eso no es lo que soy y me abro de nuevo al regalo de la vida, de los míos, de mi esposa y de mis hijos.

Hoy, celebro mi oportunidad de ser padre con los abrazos de mis hijos, con los ejércitos de enanos que crean caos de fantasía, y que rompen mis esquemas a punta de sonrisas e indolencias.La infancia de mi padre fue más dura que la mía. A él le enseñaron que la vida era una carga. Él fue para su padre una carga. No conoció la ternura ni el apoyo, nadie se sintió orgulloso de él, y él tampoco aprendió a sentirse orgulloso de sí mismo. Papá, antes de que te fueras, hubiera querido decirte que para mí, al igual que para ti, ser un niño no fue fácil.

Pero es más difícil ser adulto, si encadeno mi vida y la de los míos a los rencores y a los fantasmas del pasado. Hoy quiero perdonarte, darte la libertad en mi corazón de ser un buen padre, y reconocer que a tu manera hiciste lo mejor que pudiste con tu vida. Sé que sentiste el dolor de tus propios errores. No me será fácil convertir en ángeles mis fantasmas, pero abriré con determinación las puertas de la aceptación y la gratitud.Papá, me siento orgulloso de ti, porque sin ti yo no sería lo que soy, porque tu vida me ayudó a encontrar mi camino. Tu dolor me ayudó a evitar el mío, tus cualidades florecen en mí y valoro como un tesoro haberlas heredado de ti.

REFLEXION:
Puede ser que tu padre aun viva aunque no este contigo. Puede que haya muerto. Pero la decisión de perdonar no tiene límites de tiempo ni espacio. A diferencia de otras relaciones, uno no puede divorciarse de sus padres, menos aun de su familia. Cuando leo la historia que comparto hoy, me identifico con el autor que me pidió el anonimato. No hay necesidad de lastimar a nadie con detalles que no vienen al caso. El meollo del asunto es que el dolor causado por las heridas que hemos sufrido a manos de quien nos debieron amar no sana escondiéndolo o negándolo. La sanidad del alma herida solo ocurre aceptando el dolor, y perdonando.

Tuve con mi padre terrenal una situación muy parecida, y no sentía perdonar, pero sabía que debía hacerlo. No era posible que siguiera a mis casi cuarenta años cargando un fardo de acusación y vergüenza, aunque yo me sintiera victima. Aprendí a pedir perdón y dejar que Dios se llevara el dolor y la culpa. Pude pedirle perdón y perdonar a mi padre varias veces. Por primera vez en mucho tiempo experimente paz y pude volver a besarlo en su mejilla.
Nunca es tarde para tomar un decisión que cambiara tu vida para bien. Decide perdonar, Dios hará el resto.
Perdonar es una decisión.
Proverbios 10:1 (LBLA)
"El hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre”.

Toma la oportunidad de esta celebración del mundo para darle un significado eterno. No te limites a regalos materiales, haz una ofrenda de paz que tiene valor eterno, decide perdonar a tu papá y pídele perdón por no comprenderlo y haber guardado resentimiento contra el por tantos años.
La paz que se obtiene perdonando es indescriptible. Oro para que decidas perdonar.

Carlos Zúñiga.

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